La poesía de William Wordsworth

La poesía de William Wordsworth

 

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Selectividad en Madrid. Segundo día: 5 de junio,2013

Otra vez el caminar se hace verdad en esta mañana primaveral que apunta a calurosa en la ciudad universitaria madrileña; el desayuno me espera en la mítica cafetería de la antigua Filosofía y Letras, no sin antes bañarme del aire perfumado que viene de la sierra y el acompañamiento de caras juveniles que buscan un destino, que sueñan, que albergan un espíritu arrollador, cada uno con una dirección a recoger lo sembrado en este segundo día de alborozo por lo que puede representar en sus vidas. La ancha avenida por la que andamos es el cantar de los sentidos en el alma purificadora. El devenir hecho naturaleza que despierta, que clama al uníseno con esta juventud itinerante, como símbolo de ser.

Ayer encontré a una ex alumna que también estaba en la misma sede de selectividad, ya profesora con oposición, que me reconoció después de tantos años. ¿No te acuerdas?, fuiste mi profesor de B.U.P. (“mi jovencísimo profesor”, insiste). A pesar de los años transcurridos aún conserva la dulzura de su rostro. Me hizo recordar aquellos tiempos.

Observo, hoy, en el aula, más tranquilos a este puñado de jóvenes; a su vez, leo en sus rostros cierto cansancio de haber dormido poco, pero con ánimo para restar un día más a la prueba. Me fijo en la vestimenta, y percibo que vienen más arregladitos que ayer.

No puede haber reproche cuando se han preparado para proseguir en este peregrinaje en el que nos encontramos.

Naturaleza de la novela, algo más que un ensayo

De nuevo, Luis Goytisolo se acerca a la literatura-esta vez como ensayista- desde la almena del buen trato de la palabra con su brillante estilo; parece como si la lengua se purificara. No me cansaré de repetir que con los “Goytisolos” el castellano/español se viste de hermosura; es una delicia leer este ensayo. Es como si un corredor en el Maratón no se cansase; quiere llevarlo en volandas, valga el símil en este mes de mayo que tantas carreras se realizan.

Con Naturaleza de la novela vierte lo que está siempre en el alambre a pesar de tantos siglos transcurridos desde que los relatos pasaron al papel. Sinceramente, me ha llamado la atención que nos recuerde el Antiguo y Nuevo Testamento. Ya conocíamos la prosa sublime que encierran; sin embargo, que enhebre tantos hechos capitales para que el lector mire desde ópticas distintas, hacía tiempo que no lo leía. Incluso, Goytisolo va más allá: lo que hoy se entiende por novela se asemeja a esos relatos que primero pasaron de boca en boca y después se plasmaron en papel.

Al recordarnos que en el siglo XX el narrador omnisciente, tan primordial en la novela áurea del siglo XIX, haya desaparecido para dar más nitidez a lo narrado, queda ahí. No sé si ese aserto contribuye o no al decaimiento de la novela en la segunda mitad del siglo XX o ya en los inicios del siglo XXI. Las variantes que se introducen como el objetivismo, el punto de vista expresado en tercera persona o el monólogo interior, quizá hayan complicado más el eje dinamizador de lo contado. Lo que sí parece cierto es que en muchas novelas se ha perdido “alma”, o aquellas que más parecen son las que tienen algo más que un puro estilo, tan importante en la escritura. Ambos se necesitan para configuar un relato y, sobre todo, para los lectores. La emoción para implicarnos es capital.

Es difícil encontrar a un crítico que no ponga como ejemplo el Ulysses de James Joyce. Goytisolo lo ensalza como “máximo exponente” (pág. 129) de formas de expresión, más allá del retrato de Dublín durante dieciséis horas. Al igual que otros trae a colación la llamada “Generación perdida” como de “importancia crucial” (pág. 136), de paradigma de lo que se debía de entender como novela.

El epílogo es una reflexión que va más allá del género literario, que aborda y se pregunta por el futuro del libro, tabletas o “futuras variantes”. ¿Lo que nos espera? Goytisolo piensa que sí (“el libro impreso se convertirá en objeto del coleccionismo”, pág. 169). Pero la máxima preocupación del autor es el futuro de la novela o lo que entendemos por literatura (“en el fondo, que la cultura, y más concretamente la literatura, se convierta para las mayorías en algo prescindible, accesorio”, pág.170). Probablemte estribe en que la novela la cultiven los propios autores, al igual que la poesía. El palo para las editoriales que tienen como común denominador que los lectores consuman novelas para que el negocio no se arruine va a ser descomunal. Goytisolo no deja ni siquiera la duda, y pone el ejemplo de “esos libros de caballerías que ya solo leía don Quijote” (pág. 176). Tal vez exagere, pero el recuerdo de Miguel de Cervantes permanece.

Another poetess called Emily (E. Dickinson)

En tiempos de tribulación, ya lo he escrito,  lo mejor es refugiarse en la poesía. Me alegra que se haya publicado la poesía completa de una poetisa. Another poetess called Emily