Exposición conmemorativa del V Centenario de la Reforma

Ayer la Universidad Complutense de Madrid en el Paraninfo de la calle san Bernardo inauguró la exposición conmemorativa del V Centenario de la Reforma lo cual es de agradecer.

1517-2017 no podía pasar sin que recordáramos la importancia que tuvo en su momento la llamada Reforma. El cristianismo cambió; es evidente que cada cual lo puede observar desde ventanas distintas, pero el aire entró. El 31 de octubre de 1517 ha quedado impreso en la historia de la iglesia cristiana. El monje agustino, Martín Lutero, clavó en las puertas de la iglesia del castillo de Wittemberg sus famosas 95 tesis; un documento crítico con la venta de indulgencias. La discusión prendió rápidamente que acabaría revolucionando la realidad económica, social,  política y cultural europea y, por ende, mundial.

Con el rótulo “Rescatando un tesoro protestante” en todo el año 2017 se han dado a conocer las tres vertientes en que se sustenta: educación (“Educamos para la vida”), formación-divulgación (Facultad de Teología), acción social ( becas, voluntariado, proyectos, conferencias). Se recalca que el objetivo capital es “contar en qué consiste el ámbito protestante en nuestro país, y dar a conocer su aportación a la Historia de la Educación en España”. No podía faltar la música, muy arraigada en el protestantismo; de ahí que el 27 de octubre a las 19 horas se celebre un concierto en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense en el que sin duda en el repertorio estarán dos grandes: J.S. Bach y F. Mendelssohn.

Como coda: no estaría de más que surgiera otro Martín Lutero para que las catedrales no se conviertan en un mercado y vuelvan a ser lugares de culto que para eso fueron creadas.Además, en el evangelio se nos narra que Jesús de Nazaret echó del templo a los mercaderes. ¿Para cuándo Francisco? Sea valiente.

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Literatura y lenguaje publicitario

 Literatura y lenguaje publicitario. No solo me refiero a la comunicación que lleva implícita la publicidad comercial, sino a cualquier publicidad, aunque el tronco de ellas sea la persuasión. La publicidad, por tanto, es algo más que la sociedad de mercado. Pero es que además el escritor ha sido el primer vocero de la misma; al estar inserto en una comunidad determinada y en un tiempo concreto, puede aceptar o rechazar aspectos de la sociedad en la que vive, o el canon literario en el que se ve envuelto, etc. De esa forma utiliza unos modos retóricos que le llevan a la persuasión, base de lo que entendemos por publicidad.

            De la importancia de la publicidad en una sociedad tan mercantil, es tan obvio y conocido que no me voy a referir a ese aspecto. Para eso están los economistas, los sociólogos, y los que propiamente se dedican a las actividades publicitarias. Nuestro logotipo: “la literatura tiene un carácter abierto”.

Esta apertura nos lleva a campos diversos. La publicidad es uno de ellos. Si el lenguaje posee unas ciertas marcas definidoras del mismo, el lenguaje publicitario constituye otro campo si no distinto, sí al menos singular. Hoy día, con el ropaje de lenguaje publicitario, se mueve la economía; dicho lenguaje está condenado a estimular a la sociedad, en su mayor parte, para crear necesidades, sean éstas políticas, ideológicas, religiosas o culturales. Pero el punto de convergencia del lenguaje literario y la publicidad se pueden acercar, aunque sólo sea desde una vertiente general. Ambos buscan el refinamiento, la belleza, el placer en definitiva.

Los recursos verbales y los artificios icónicos nos impulsan a pasajes recónditos e idílicos. En el discurso de entrada en la Real Academia de la Lengua, Francisco Ayala nos recordaba que “la industria que produce impresos lo hace, como cualquier otra, para vender sus productos al público; pero en su caso estos productos son textos literarios, textos de la más diversa índole sin duda, pero portadores todos ellos de algún tipo de mensaje; esto es, dirigidos a actuar de un modo u otro sobre la inteligencia y la conciencia del destinatario”[1].

En la connotación-publicidad se parte de dos tipos de mensajes: el verbal y el icónico. Al aunar los mensajes tenemos una claridad expresiva mucho mayor que si sólo dispusiéramos de uno sólo. El discurso siempre será más nítido. El contexto es esencial para la connotación; la imagen y el texto verbal forman un todo con un sustrato apelativo generalmente, función capital en la publicidad, independiente de los contrastes o la desmitificación porque ambos nos pueden llevar a la compatibilidad de la acción verbal-icónica. Ambas tienen que estar perfectamente sincronizadas.

Si la palabra debe abarcar todo el contenido posible, la iconicidad también tiene que ser captada de un solo golpe y comprendida por el receptor al que se dirigen ciertos anuncios. Con el componente verbal y la imagen conseguimos la esencia del mensaje. Para el comentario de un texto publicitario debemos tener en cuenta las funciones “apelativa” y “ estética”, el canal de transmisión por el que el mensaje se difunde, el público a quien va dirigido, o la complementariedad entre la palabra y la imagen. Si el contexto es necesario en la comunicación para llegar a una perfecta comprensión, aquél, también,  admite diversas variantes.


[1]AYALA, F., La retórica del periodismo y otras retóricas. Madrid, Espasa Calpe, 1985, pág. 47

El canto de la Literatura como sustrato de nuestra vida

 Tantas cosas se agolpan en nuestra mente cuando queremos hablar de literatura que, a veces, tenemos que aparcar algunas ideas para enaltecer lo esencial de lo que constituye lo primordial de nuestra existencia, como es el pensamiento. ¿Se puede dar este sin antes libar de nuestra lectura  lo que otros han plasmado en el papel? Si se ha alumbrado el canto de la existencia, coadyuva; lo primordial es que canten las palabras, que el camino esté henchido de literatura, de poesía, de perfección, que nos sintamos partícipes de esa belleza con la que escribimos. Desgraciadamente, la imaginación, la ensoñación cada vez ocupan menos espacio; las bibliotecas que en otro tiempo, nos sirvieron de reflexión, ahora se cierran por el falso concepto de la palabra “crisis” que nos anega.

La belleza de la palabra poética es su música. Es el arroyo literario. Acerquémonos a esas aguas cristalinas que arrastran el devenir y lo purifican. Contemplémoslo como catarsis.

         La literatura no puede sucumbir ante el mercado si la entendemos como libertad, como vida, como faro, como pensamiento, como luz eternal; la creatividad sólo es libre en la voluntad, en la imaginación del que escribe, del que piensa, del que realiza; es el tiempo de inocencia,  la época del alma. Pero, también es soledad, aunque nos conduzca a la angustia existencial tan propia del género humano.

         Si la expresión flaubertiana “escribir es una forma de vivir”, ¿por qué no hacerla factible en nuestras vidas para orientarnos mejor por ese laberinto lleno de dudas que trascienden nuestras formas de conducta?