Últimas tardes con Teresa, todo un compendio de arte narrativo

Cuando oímos o hablamos de Juan Marsé siempre nos viene a la memoria ese monumento narrativo como es Últimas tardes con Teresa (1966), “Premio narrativa Breve”. La docencia siempre nos lleva a retroceder en las lecturas; es volver a lo que ya está cincelado para siempre en el arte de contar, y sin duda esta novela lo es. Evocando a Vázquez Montalbán es cuando el escritor del Guinardó ingresó “en el club de los novelistas vivos”. De aquí es desde donde se parte para enjuiciar el resto de su obra; y siempre con ese latiguillo que aunque suene a frase hecha es el Marsé que conocemos: “La vida no es como la esperaba. La vida traiciona. Este es mi gran tema literario”.

El personaje “Pijoparte” de la novela ha servido para rememorar, para asentar unas ideas de la España de los años sesenta con ese don tan característico suyo de no alargar sino condensar, ir a la búsqueda del adjetivo que da vida, a la necesidad de contar una historia que le rebullía. Esta no se circunscribe solo a una historia de amor que no cuaja. Si fuera solo eso, no tendría el vigor, el recuerdo constante siempre que nombramos a Marsé. Va más allá; el lector lo podrá entender como quiera, está en sus manos, pero no podrá desfigurarlo; asombro es el adjetivo que se podía describir cuando Marsé leyó lo que se decía de su novela; para nada  coincidía con lo que pretendió. El problema radica en que una vez que el lector compra la novela ya se hace dueño de su interpretación. Se fue más allá, ahí podíamos dejarlo siendo conscientes de que es difícil llegar a penetrar en el creador.

El choque entre Teresa con estudios y perteneciente a la burguesía y Pijoaparte peteneciente  a la clase baja está presente. La dualidad interés-ingenuidad nos atrae. Por una parte, Teresa-progre universitaria- va a la búsqueda de las personas con  conciencia de clase obrera; y por otra, el Pijoaparte desea adentrarse en otra clase superior para en principio aprovecharse. La vertiente burguesía-proletariado es nítida. Casi podíamos decir que llegan a hermanarse, pero terminan huyendo, se niegan. ¿Es imposible ese maridaje o es que solo se necesitaban en un tiempo para comunicarse o sentir? La desmitificación de la idea revolotea por la novela en la que se trasluce la Barcelona de los años sesenta, años de lo que se llamó de desarrollo con el eslogan veinticinco años de paz.

Literariamente  esta novela no  está sola; en estos años surgen otras,  claves como Tiempo de silencio (1961), Volverás a región (1966), Don Juan (1965), Señas de identidad (1965), Cinco horas con Mario(1966).Todas, espejo del arte de contar.

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La última novela de Juan Marsé: Esa puta tan distinguida

La última novela de Juan Marsé: Esa puta tan distinguida[1]

Félix Rebollo Sánchez

Otra vez a la búsqueda de ese pasado que nos corroe; otra vez, la memoria nos invade, Esa puta tan distinguida. De nuevo Juan Marsé se interroga, se explaya, nos entrega lo que para él se puede resumir en la expresión “la vida no es como la esperábamos”. Toda su obra se puede considerar memoria. En este caso se sirve de un encargo: un guion de cine sobre un asesinato que se cometió en  1949 en su barrio de Barcelona. No es usual que la novela comience con las respuestas dadas (48) a una entrevista, sin que aparezcan las preguntas. Pero, sin duda, en las mismas reconocemos la autoría; es como su carta de presentación por si cabía alguna duda (“un relámpago negro en el corazón y en la memoria”).

La dicotomía adulteración-desmemoria ha sido clave en el desarrollo posterior de la sociedad española, y ahí estamos, por eso Marsé vuelve a la fuente, quiere vivificarla con la palabra precisa. No se trata de un salto en el vacío en lo que narra, sino que ensarta de manera cabal lo que fue la transición y su recuerdo de la posguerra (“La desmemoria fue decretada en este país oficialmente a partir de la Transición y después macerada y propiciada por determinadas políticas culturales; nos robaron y adulteraron el pasado”.

Son imágenes sin que estas nos conduzcan a lo que sucedió tal como fue, simplemente muestra el hecho con la mejor estilística. Un medio fue el cine en el que observa la literatura como fuerza que pervive. Otra cosa es si las adaptaciones cinematográficas de sus obras evocaron lo que intentó plasmar; según el autor fueron malas películas. Es el clásico Marsé que admiramos.

Marsé se adentra en una investigación de un hecho; poco importa si fue testigo, lo oyó o lo leyera, lo cardinal cómo lo convierte en arte (“En mis ficciones, la vivencia real se somete a la imaginación, que es más racional y creíble. En la parte inventada está mi autobiografía más veraz”, pág.12). Tiene miga la historia por el ensañamiento y más si detrás se escondían lo político y eclesiástico (solo rumores), quién sabe. Son años de negrura. La verosimilitud es un camino empinado, y es en la dualidad ficción-realidad donde podemos encontrar la exactitud, y claro en saber contar historias, y en esto Marsé es un maestro (“La realidad solo existe si somos capaces de soñarla, ese es mi lema, pág.103).

[1] 2016, 235 págs.

Noticias felices en aviones de papel

Otra vez el novelista Juan Marsé en el columpio de la memoria como asidero, como salvavidas para no olvidar un pasado que le pertenece. ¿Qué más da que sea una novela corta, un cuento o simplemente prosa al viento para que llegue, para que nos perfume por si lo necesitamos? El recuerdo de Bergen Evans (“quizá hemos acabado con el pasado, pero el pasado no ha acabado con nosotros”) es como una avanzadilla de lo que el novelista desea contarnos.

El comienzo del capítulo primero nos apabulla, nos hace sentirnos inmersos en el inicio de algo que tal vez también nos pertenezca (“Y nunca olvides que el amor verdadero que puedas merecer de una mujer no será el que estás buscando, sino el que no sabías que estabas buscando”). Claro, es un consejo; el que recibe Bruno de su padre tres días antes de cumplir los quince años. La respuesta casi inaudible con el adverbio “ya” le estremeció. Pasado un tiempo, recordaría-quién sabe si como una disculpa o adivinanza- “lo que uno siempre anda buscando en las mujeres y lo que anda encontrando”(pág. 21).

Alucinación o no, un día de un caluroso agosto se encontró frente a su casa invadido de pequeños aviones de papel, y uno que aterrizó en sus pies se podía leer: “Hoy,Chocolatada Infantil en el Parque de Güel”. El misterioso mensaje pronto se resolvió; resulta que era una vecina que llevaba casi cincuenta años viviendo en  Barcelona. El pasado como gorrión de la memoria, como “el puñetero aguijón de nuestra memoria” (pág. 62) siempre al acecho en la escritura de Marsé para recordarnos la miseria, el afán por la existencia, la dureza de la niñez-con pies descalzos y sucios, famélicos- pero también lo cálido de las relaciones humanas en este caso encarnado en un padre que anbadonó la casa y ahora vive a la intemperie a la busca de los desperdicios de otros en una ciudad hostil, que representaba, tal vez, a muchas.

 La feliz idea de Pauli, al lanzar aviones de papel con buenas noticias, sirve de contrapunto ante el desamparo de personas faltas de lo más necesario; parece que fue ayer, pero el lector va más allá y piensa que es un pasado viviente. 

La novela española/castellana desde los años setenta hasta la actualidad

Muchas son las novelas que se vienen publicando desde la década de los ochenta; sin embargo, todavía, no tenemos un referente nítido, un espejo en el que resalte una línea que marque lo que supuso en otros tiempos el género narrativo.

La novela española / castellana desde los años setenta hasta la actualidad

Algo más que “amante”

La remembranza del pensamiento tantas veces repetido de Juan Marsé de que “la literatura es un ajuste de cuentas”, y de que podamos ver, ya, su novela esperada, en las librerías,  Caligrafía de los sueños, me ha recordado otra, que, quizá, no se la haya valorado en su justa medida; me refiero a El amante bilingüe.

La novela de Juan Marsé se remonta al año 1975, en la que el novelista nos narra una historia envolvente que nos conduce a la nostalgia de ser otro. Más allá de una historia de amor, subyacen las dicotomías lengua española / lengua catalana; emigración (charnegos) / burguesía catalana;  ser y no ser; casamiento / separación; dictadura / democracia, y, cómo no, la ebullición del “Proceso de Burgos”. Son años convulsos, pero apasionantes para la sociedad española.

Juan Marsé se alinea con lo que se ha considerado como un escritor de denuncia y compromiso, que ha llegado a mostrarnos una visión de la vida desalentada, en el que su principal objetivo ha sido el de contar el pasado, recrear la memoria, de manera emocional, para mostrarla entre la realidad y los deseos en un espacio que conoce bien: el barrio en el que creció.

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