La última novela de Luis Goytisolo

He hecho un alto en la relectura de Bella del Señor-terminé la primera parte-para leer el último libro de Luis Goytisolo, Coincidencias, 2017. Muerto su hermano Juan, vuelve a hablarse del Premio Nobel para el novelista-académico; escribo esto porque hace algún tiempo-unos siete u ocho años- asistí a una conferencia en la que el protagonista fue un escritor sueco y desgajó que Luis Goytisolo sonaba en Suecia para  el Premio; al final, en el coloquio sugerí que también se tuviera en cuenta a Juan Goytisolo; que se diera, por vez primera, a dos galardonados; hubo silencio, y el escritor sueco me contestó: “tomo nota”.

Mas allá de estas consideraciones, Coincidencias-aun reconociendo que está muy bien escrito para lo que se publica hoy-, hay que felicitarse, pero me quedo con sus novelas de los años ochenta-noventa; ¡cuidado!, entiéndase bien, el libro se lee con delectación, aunque como podemos observar en la contraportada es atípico. Cuando comienzas la lectura piensas que no es una novela; al terminarla, te surgen las dudas; piensas que todo este torbellino son hechos que ocurren hoy, y que además la estructura de la narración se atiene a ese común denominador como son los personajes que participan bien cohesionados. La dependencia del móvil, las fantasías de los jóvenes, las clases altas, los automovilistas cabreados, hombres de negocios, desayunos en hoteles, erotismo, pijos, medio ambiente, hacer la calle, camarera de hotel, despedidas de soltera, ecología, etc.; todo este abigarrado mundo forman lo que se denomina una novela coral. Todo,  un alarde de sabiduría con una escritura rayando la perfección.

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A vueltas con King Lear

A vueltas con King Lear. Homenaje a Shakespeare

Félix Rebollo Sánchez

Con esto de las celebraciones que se repiten un día sí y otro también por diferentes motivos, no sé si somos conscientes de que el mejor homenaje a los grandes escritores es leerlos, por eso hago otra lectura de una de las obras más excelsas de W. Shakespeare aunque quizá no la más leída; sin embargo, me ha llamado la atención que el periodista J. Carlin repita una y otra vez que siempre vuelve a su lectura, la tiene como en un altar. También el novelista Luis Goytisolo en un entrevista en El Cultural (2-10-2015)  a la pregunta “Cuéntenos la experiencia cultural que le cambió su manera de ver la vida, repondió: “La lectura en voz alta que me hizo mi abuela-aprendí a leer tarde por lo de la guerra- de El Rey Lear. También el recuerdo de que King Lear se representara por vez primera en Londres-ante la Corte de Jaime I en el palacio de Whitehall- el mismo día en que se publicó la primera parte del Quijote haya contribuido a una nueva lectura.

El tema en sí forma parte de la leyenda o simplemente de la cuentística popular; entonces ¿dónde hallamos la fuerza de la obra?, ¿en la desconfianza de la palabra?, o tal vez ¿ que somos reos del destino, que no todo está en nuestras manos, que el medio fundamental por el que nos comunicamos no llega a todo lo que pensamos? ¿ No es egoísta que recaiga la generosidad más grande allí donde el carácter se sume al mérito (which of you shall we say doth love us most/, that we, our largest bounty may extend/ where Nature doth with merit challenge) a la hora de repartir la herencia que debe acoger a todos por igual? Pero también afea que, por otra parte, intentemos desbancar a otro con la palabra más certera, simplemente para obtener mejor galardón como es el caso de dos de las hijas de King Lear, aunque nos quedemos perplejos ante la menor en edad pero no en consideración. Ante la pregunta, what can you say, to draw/ a third, more opulent tan your sisters?

Cordelia: Nothing my Lord.

Lear:         Nothing?

Cordelia:   Nothing.

Lear:          Nothing will come of nothing, speak again.

Cordelia:  Unhappy that I am, I can not heave/my heart into my mouth. I love your Majesty according to my bond, no more nor less.

Lear: How, how Cordelia? Mend your speech a little,/ lest you may mar your Fortunes.

Cordelia:    Good my Lord, / you have begot me, lov´d me. / I return those duties back as are right fit, / obey you, love you, and most honour you/ Why have my sisters husbands, if they say / they love you all? Happily when I shall wed, /that Lord, whose hand must take my plight, shall carry /sure I shall never marry like my sisters. (To love my father all).

Lear:         But goes thy heart with this?

Cordelia:   Ay my good Lord.

Lear:         So young, and so untender?

Cordelia:   So young my Lord, and true.

Lear:         Let it be so, thy truth then be thy dower.

Llega un momento en las personas en que no saben expresar lo que sienten o que las palabras ponen un muro, un límite; es la búsqueda ante la oscuridad de la expresión; la indagación nos convierte en seres limitados, de ahí la importancia de la creatividad para alcanzar lo que nos parece imposible. Las palabras finales de Edgar son estremecedoras o alentadoras: “The weight of this sad time we must obey, / speak what we feel, not what we ought to say”.

No creo que Shakespeare solo quisiera abordar un solo tema, más bien son unas serie de aspectos existencialistas que le bullían, pero que deja al lector que los recoja o simplemente que añada otros; es como una ventana abierta a la ingratitud, maldad, hipocresía, poder-adulación, tragedia de la sociedad, sometimiento, autoritarismo, lealtad, amistad-enemistad, verdad-mentira, dicotomía padre-hijas, bien-mal o incluso paraíso-infierno. La respuesta la debe dar el espectador sobre qué sentido o qué camino elegir ante los embates de la vida.

Una forma nueva de narrar: Oído atento a los pájaros

Otra forma de relato: Oído atento a los pájaros[1]

Félix Rebollo Sánchez

El novelista Luis Goytisolo publicó en el diario El País el 30 de enero de 2016, en el suplemento Babelia, un artículo titulado “La narrativa en sus transformaciones” en el que venía a decir que la novela española atravesaba un buen momento: “tal vez la que mejor aguanta los embates de los nuevos tiempos”. Se basaba, sobre todo, en el impulso de Marta Sanz y Rafael Chirbes; incluso se atrevía a escribir que “hablar de muerte de la novela no tiene otro valor que el de una metáfora”.

No sé si su última novela entraría dentro de esos parámetros; son los lectores los principales actores para corroborarlo; la crítica hay que marginarla si queremos abordarla en todo su esplendor o que vaya al corral, pero advierto que mi lectura siempre será sesgada por el concepto que tengo de algunos novelistas en el que se encuentra Luis Goytisolo por haber escrito la monumental Antagonía o Estatuas con paloma en las que caes rendido ante un lenguaje tan envolvente que descifra una identidad nítida en la que no cabe la huida. Por eso, no quiero que se lea lo último del novelista por lo que yo pueda verter en estas líneas, no sea que ocurra lo que a un crítico famoso, que después de su comentario elogioso de Cinco esquinas, dos lectoras, una vez leída, pedían “les devuelva el dinero que se gastaron en él” (Babelia, 12-03-2016, pág. 19).

Con una idea preconcebida, me acerqué a Oído atento a los pájaros en el que esperaba que la palabra siempre estuviera ajustada al relato por lo que la prosa poética destellaría, más allá de lo estructural. Salvo algunas pocas palabras barriobajeras que se podían haber evitado y no vale decir que el personaje, o el momento, lo requería, hallé lo que esperaba estilísticamente, esa forma desnuda con que adorna el novelista su forma de narrar.

La novela termina con la frase “sin saber por qué”. No llegué a comprenderlo enteramente, en esta primera lectura; pero esto poco importa ante unos hechos en el que se hermanan creación artística y vida; ficción y realidad, verdad-fábula, pasado-presente, tal vez también hechos autobiográficos- como la muerte de su madre (en la novela Lola) por un coche bomba cuando apenas tenía nueve años- ante unas Memorias o Confesiones en ese espacio mítico de nombre Miralrío en el que la memoria histórica revolotea, si bien en la obra de un pintor de éxito, una forma de reinterpretar los cuadros.

Un cadáver en una cuneta- y no precisamente como hecho luctuoso de la guerra- y quizá tantos secretos que encierra hacen que en las diez secuencias de que consta- y cada una dividida en seis textos, bien aunados- la novela nos acerquemos a la devastación de nuestra guerra fratricida sin que falten temas tan candentes como el sexo, la bisexualidad, la homosexualidad masculina y femenina propios de todos los tiempos pero en efervescencia en el siglo XXI.

Perspectivas múltiples hacen que el relato sea más verosímil, pero hay que estar muy atentos en la simetría con que lo envuelve, quizá atípico, hoy, pero que cobra asiduidad en la trayectoria de Luis Goytisolo.

[1] Goytisolo, L., Oído atento a los pájaros. Madrid, Siruela, 2016

Última novela de Luis Goytisolo: El lago en las pupilas

Cuando me acerco a los hermanos Goytisolo (Luis y Juan, José Agustín murió) bien para leer una novela, un artículo o un ensayo, me viene a la mente la expresión, que ya he escrito alguna vez, el castellano se viste de hermosura. Ahora, estos días navideños me he dado a la lectura de El lago en las pupilas (Madrid,Siruela, 2012, 156 págs.), y de nuevo hallo esa perfección con que el novelista cuenta unos hechos que no sorprenden, pero que la memoria ya decae por el tiempo transcurrido, o simplemente, hoy estamos imbuidos del materialismo más procaz. Su Santidad,en su alocución de año nuevo, lo ha denominado “capitalismo salvaje”. Ya era hora.  Sigue leyendo