Otra vez Lope de Vega en el teatro de la Comedia de Madrid con La dama boba

Otra vez Lope de Vega en el teatro de la Comedia con La dama boba
Nota: me será imposible ir a la representación; quise sacar entrada tres días antes de la primera; pues bien, me dijeron que para todo el tiempo que estará en cartel están agotadas desde hace tiempo, que empezaron a venderlas el 6 de septiembre, y la primera representación fue el 28 de noviembre. Para mí, todo un despropósito, aunque por otra parte, me alegra ya que Lope sigue viviente a pesar de tantas majaderías como algunas veces leemos en los medios escritos, en la radio y la televisión. Como consuelo, releí la obra y escribí lo que viene a continuación.

Quién no recuerda en el bachillerato-si es que fue la literatura como el aire que respiramos- cuando el profesor se dirigía a los alumnos para motivarnos con la expresión lopiana: “Yo he nacido entre dos extremos que son amar y aborrecer. No he tenido medio jamás”; por cierto, sin dictar; por eso cuando llegamos a la universidad se nos “cayó el chumbano” ante tantos apuntes leídos con monotonía aplastante. La ilusión con que llegábamos se desvaneció pronto porque teníamos como base la lectura y el comentario de textos como las formas más gratificantes de la literatura como algo existencial.

En alguna ocasión he manifestado que si Lope de Vega hubiera nacido en Inglaterra estaría enterrado en Westminster Abbey o en el pueblo en que hubiera nacido se iría en peregrinación a su tumba como para convertirse en la “Jerusalén literaria”. Ni los poderes políticos ni eclesiásticos hicieron lo posible para que su tumba permaneciera en la iglesia de San Sebastián de Madrid; sus huesos fueron arrumbrados; algún crítico lo ha definido como sacrilegio.

En el siglo veintiuno, Lope sigue vigente; en estos momentos me viene a la memoria ¡tantas tonterías como he escuchado en la radio, en la televisión y en algunos medios escritos de Lope!, chascarrillos sin más; son personas que no lo han leído y se valen de lo que se dice, pero nunca se acercarán al gran poeta que fue-no olvidemos que fue el padre de “La Generación del 27”-; pero, aquí vale todo menos acercarse al venero literario; y no discrepes porque te crucificarán; pero, al final quedará el gran dramaturgo y poeta que fue. ¿Se puede ser un gran dramaturgo sin ser poeta? Hay dos dramaturgos por encima de todos que han adquirido excelencia: Shakespeare y Lope de Vega. Lope el primer genio escénico del mundo por su poder inmenso de creación. Lo de más son decires sin sustancia; cuentos y más cuentos; y no verán, porque usan anteojeras, un sello de autenticidad; un oráculo de la lengua, un príncipe de los versos,  una interpretación del alma femenina como nadie, “mayor entre los grandes” como ha escrito Montalbán.

Más en concreto, en la obra representada se puede observar la riqueza de recursos-no siempre bien declamados-, como los tercetos, romances, décimas, redondillas que exigen cierta pausa y no  esa prisa a la hora de la representación. Este hecho lo he observado en varias obras que no sé el motivo; la tranquilidad, el sentimiento es también teatro; es más se exige.

El comienzo de la obra nos impresiona con la dualidad sabiduría / ignorancia. Una hija-Nise-: “ama la poesía y el buen decir”, la otra-Finea-, ignorante , tosca (no sabe leer).Pero lo que te llena es con la rotunda expresión: “Es que hay poesía en prosa”.

Al final, el público supo apreciar los versos de Finea: “Es el gran Lope / la sublime creación / que a nuestra generación / después de tres siglos llega. / Honra, público, el talento / de que inmortal autor, / y solo al refundidor / perdona su atrevimiento”.

Que prosiga el teatro clásico es buena señal, es lo que da vida, pensamiento, sabiduría. Pena, que no pueda ver la representación que termina el 30 de diciembre. Esto solo ocurre  con Lope, con el resto siempre hay entradas, que todavía algunos/as no se enteran.

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Miguel de Cervantes, la vida suma

             Miguel de Cervantes, la vida suma

            Félix Rebollo Sánchez

Probablemente este año se llenará de homenajes a los dos más grandes escritores de la cultura occidental, no sé si universal, aunque también cabe este adjetivo para la gran mayoría. Pero, también, sin lugar para la duda, habrá más parabienes para el escritor inglés, W. Shakesperare. Los españoles somos así. Si Cervantes hubiera nacido en Gran Bretaña, hoy, se iría en peregrinación al sepulcro; nosotros, solo, sabemos que se enterró en 1616 en el convento de las trinitarias descalzas; pero quién sabe si sus huesos fueron arrumbados como los de otro grande de las letras: Lope de Vega, que muy cerca de allí recibió sepultura; hoy, no sabemos dónde están. Los de Miguel-dicen los últimos investigadores- están mezclados con otros; es decir todo son conjeturas. ¡Qué le vamos hacer, así somos!

Más allá de estas cuestiones, lo primordial es leer su obra; asimilarla como una necesidad de vivir; de aceptar la ficción como auténtica, como rebeldía ante tanto convencionalismo y materialismo que invaden el existencialismo. Poco antes de morir en la dedicatoria a su obra póstuma nos recordó:” llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”. No sin antes recordarnos la brevedad de la vida. Son cuatrocientos años los que han transcurridos y su trascendencia sigue en pie.

Si después de imbuirnos de su obra no nos ha servido para nuestra vida, hemos perdido el tiempo o no la hemos entendido. ¡Cuántas tonterías se han dicho y se dirán en nombre de Cervantes! Son esos chascarrillos que pululan, de boca en boca, por doquier; pero que, en realidad, destrozan a nuestra primera pluma en lengua castellana-española. Hagámosla real, no contribuyamos al desdoro, vayamos a las fuentes de su escritura y disfrutemos.

¡Cómo no recordar, en estos momentos, aquel profesor de segundo curso de doctorado de Filología en la Universidad Complutense, que lloraba en clase y reía explicando El Quijote! Él fue el que me motivó y me hizo ver la trascendencia de esta sabia obra. Desde entonces, he intentado hacer lo mismo con mis alumnos/as cuando la oportunidad requería y hacerles ver que esos estereotipos con que se le arropa en muchas ocasiones no contribuyen a una lectura clarividente.

Lo sorpresivo de Bernardo de Balbuena

Ahora que la cultura se deshace por unos y por otros, y el campo de la filología no tiene altura necesaria, cuando menos se espera hallas luminosidad como  fue el caso, a finales de junio, al enhebrar un texto de Góngora-el texto iba sin autor- con Bernardo de Balbuena (1561-1627), ni qué decir tiene que me pasé parte del fin de semana leyendo su poesía. Los elogios de Lope de Vega, Cervantes o Quevedo son más que suficientes para elevarlo a las almenas de la poesía. Valga como ejempo el recuerdo de las laudatorias de Lope de Vega:

Y siempre dulce tu memoria sea,
generoso prelado,
doctísimo Bernardo de Balbuena,
tenías tú el cayado
de Puerto-Rico, cuando el fiero Enrique,
holandés rebelado,
robó tu librería;
pero tu ingenio no, que no podía.

Lope de Vega, Laurel de Apolo (Silva II)

He entresacado estos versos del poeta en este julio caluroso como solaz:

¡Oh bellos ojos, luz preciosa y alma,
volved a mirarme, volveréisme al punto
a vos, a mí, a mi ser, mi dios, mi vida!

Terceto extraído de Siglo de Oro.En las selvas de Erífile

Clase práctica fuera de la Universidad. Un gran Lope en el escenario

No se pudo ir a la obra El caballero de Olmedo porque las entradas para grupos  en el teatro Pavón estaban agotadas. Así es que me apresuré antes del estreno de El perro del hortelano de Lope de Vega a  reservar.

La vuelta de Lope de Vega a los escenarios siempre produce alegría; es un agradecimiento por su esfuerzo continuado tanto en la dramaturgia como en su poesía; los chascarrillos que se cuentan-incluso en la Universidad- no se sostienen; alicortos existen en todas partes. No sabemos dónde está enterrado, esa es la verdad; pero, no mareemos más; seguro que si hubiera nacido en Inglaterra ya se encargarían para  que fuéramos en peregrinación, y a buen seguro hubieran “echado a los leones” a aquella periodista que profanó su nombre en el diario El País. Cuenta Montalbán que cuando murió “las calles estaban tan pobladas de gente que casi se embarazaba el paso, al entierro, sin haber balcón ocioso, ventana desocupada ni coche vacío. Y así viendo una mujer tanta grandeza, dijo con mucho donaire: sin duda este entierro es de Lope, pues es tan bueno”. Sigue leyendo

Lope de Vega navideño

Lope de Vega navideño.Félix Rebollo Sánchez

Otro canto merece esta gloria universal como desagravio por la superficial crónica que se publicó en el diario El País. El otro canto lo publiqué el día 25 de noviembre. A Lope de Vega no se le puede tratar de esa forma chabacana. Muchos escritores universales han aprendido a trazar poesía, dramas y prosa poética teniendo como referente al mito de las letras españolas; sí, así de claro, que se propague; que no ha habido otro de mayor capacidad creadora en el que se funden dos épocas: el Renacimiento y el Barroco. Ningún otro escritor estuvo más cerca del pueblo, fue su alma, su voz; lo que bebía se lo devolvió con creces en obra de arte. Hasta la Inquisición prohibió la parodia del Credo de los cristianos: “Creo en Lope de Vega, todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra…”.   Con este panegírico quiero que no quede ni brizna de los renglones que aparacieron un viernes en el periódico nombrado, ni la cronista se atreva a escribir sobre Lope (¿habrá leído algo?, ¿sabrá que la llamada Generación del 27 cayó rendida a sus pies? Estas ideas no pueden quedar en tierra pedregosa, sino en la fértil, en la abonada para que alimente el espíritu.

Estos días navideños son propicios para recordar a los cristianos cómo Lope se adentra en la espiritualidad más emotiva para festejar la “buena nueva”-ha nacido el Redentor- en esos poemas que traspasaron fronteras: “Este Niño y Dios Antón / que en Belén tiembla y suspira / con unos ojuelos mira que penetra el corazón…” (Sus ojuelos). “No lloréis mis ojos, / niño Dios, callad, / que si llora el cielo, quién podrá cantar? (…). Pues andáis en las palmas / ángeles santos, que se duerme mi niño / tened los ramos” (Pastores de Belén). O estos otros que nos devuelven a la más honda espiritualidad; se adentra alegóricamente en su mundo interior: “Entro en mí mismo para verme, y dentro / hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada / una loca república alterada”. Y cómo no recordar la entrega que siente cuando es llamado al sacerdocio:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

 Y como estamos en días amorosos que quede esmaltado el terceto del espléndido soneto a la muerte de Marta de Nevares: “Permíteme callar solo un momento, / que ya no tienen lágrimas mis ojos, / ni conceptos de amor mi pensamiento”.