Novela española del siglo XXI

El ensayo Novela española del siglo XXI nos ha traído una ráfaga de luz en tiempos en los que la novela parecía como desperdigada. La editorial Cátedra siempre atenta  a lo que ocurre nos ha proporcionado una ventana para esa mirada necesaria, no solo para docentes, aunque con buen criterio, el autor nos adelante que ya apareció “inicialmente en Ediciones  de la Universidad de Murcia en 2014” (pág.14). José María Pozuelo nos recuerda, humildemente, que no es “un canon”, pero un estudio de tal cantidad de vericuetos de la novela actual sí lo parece; por tanto loores. No se trata como él advierte de la pura reseña periodística que con tanto ahínco realiza, sino algo más profundo; de ahí que nos pueda servir este ensayo de cabecera para observar por dónde discurre la novela actual.

He comenzado la lectura por el último capítulo titulado “La nueva narrativa española frente a la crisis”. Es como el colofón, como el final y el principio de todo de la novela en un tiempo concreto en el que sobresalen estilos ” que evidencian una notable creatividad”(pág. 373). Para el ensayista, la novela actual tiene su aposento en el realismo, existencialismo, esperpento, crítica  a la realidad cotidiana y “la construcción de fábulas distópicas”. Todo un mosaico de elección de lecturas que, tal vez, desconozcamos o hayan pasado desapercibidas. Desde luego, para mí sí. Para un docente, no puede caer en saco roto.

El que haga mención en el frontispicio del capítulo a Pardo Bazán, Galdós y Clarín, además de Zola, Flaubert, Turgueniev es de agradecer porque parte de la crítica y un amplio espectro de la docencia no se enteran. Me refiero, claro, a los tres novelistas españoles porque de los otros tres se dan por hecho y se les cita a menudo cuando abordamos el positivismo, realismo y naturalismo. Con nitidez, José María Pozuelo despacha a los movimientos anteriores a la crisis-kronen y nocilla- como efímeros: “tras mucho ruido fuesen y no hubo nada (o hay poco)”. En el marbete de la “novela de la crisis” contempla dos direcciones; la pura realista-de crítica social- en la que sobresale Rafael Chirbes con Crematorio y En la orilla.  Marta Sanz con Farándula. La edad media de  Leopoldo Cano. Y la otra dirección sería la conformada por lo que el autor denomina formas de la distopía-“de manera dialéctica la relación entre los personajes y el entorno”-, “con una valor crítico no menor”. Destaca entre otros a Sara Mesa con Un incendio invisible; Isaac Rosa con La habitación oscura.

El resto de capítulos lo conforman Luis Mateo, Javier Marías, Enrique Vilas-Matas, Pérez   Reverte, Javier Cercas, Amudena Grandes, Manuel Longares, Soledad Puértolas, Martínez de Pisón, Menéndez Salmón, Clara Usón. Cada uno/a tiene su capítulo. Hay que añadir el  quinto dedicado a “La guerra Civil en la novela española del siglo XXI”. En este reflexiona sobre distintas formas de abordar esas dos Españas que nos persiguen aunque no queramos teniendo como base algunas novelas ” por la vía de la ficción” o por lo “memorialístico”, que tiene su abrigo en los testmonios. Y a continuación desbroza cuatro razones concordantes por las que la novela refleja estos hechos. Resalto el segundo  por su importancia: el empuje de la novela histórica, su verdadero tipo, “enraizada por demás en la gran tradición española”. Se refiere a Galdós, Valle-Inclán y Baroja, “los tres más grandes narradores de nuestra tradición del XIX-XX, seguidos luego por Arturo Barea, Max Aub, Sender, Benet y tantos otros” (pág. 252). La conexión con el pasado es nítida.

El ensayista ahonda, aún más, en las variantes estructurales “en cuanto a la modalidad de la inserción narrativa de los hechos de la Guerra Civil”. Destaca como la más llamativa-analiza cuatro- la de la “proyección hacia el presente”. Ejemplo: El hijo del acordeonista  de Bernardo Atzaga, El corazón helado de Almudena Grandes, Los libros arden mal de Manuel Rivas entre otros. Este capítulo lo termina con una evocación de Tu rostro mañana de Javier Marías con “responsabilidad que la literatura arrostra de ir más allá de la simple narración de unos hechos para preguntarse por el sentido moral”. Es decir, la literatura como reflexión, como hecho existencial para abordar lo que nos acontece, bien basados en el pasado como en el presente para estar prevenidos y sirvan como formación.

Pozuelo Yvancos, J. M., Novela española del siglo XXI. Madrid, Cátedra, 2017

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Grandes esperanzas (Great Expectations), penúltima novela de Charles Dickens

No sé si se vuelve a leer a Dickens o siempre estuvo en el candelero; en mi caso, cuando la oportuinidad se  presta-como ahora la novena edición que lanza la editorial Cátedra- me viene  a la memoria la expresión galdosiana: “mi maestro más amado”. Fue un espejo para el más grande novelista después de Cervantes del que también bebió. Tal vez no le faltaba razón a Pérez Galdós.

Que para muchos Great Expectations sea la mejor novela no es suficiente si no prende en los/as lectores y  la traducción no es lo suficiente atractiva o no recoge el verdadero espíritu del autor. Por lo que a mí respecta, estamos ante un hecho esclarecedor por no decir radiante cuando acometemos su lectura; ya el hecho de que María Engracia Pujals haya realizado la traducción es más que suficiente para acercarnos a su lectura.

Del novelista inglés se han dicho tantas cosas positivas que solo nos resta leerlo aunque solo fuera por su innovación en el arte narrativo y cómo no por los ataques a la sociedad victoriana, y más clarificador fue que participara del gran momento de la novela, como género descollante en la segunda mitad del siglo XIX. Pero, más allá de estructura, de estilos, de detalles asombrosos de la sociedad del siglo XIX, disfrutemos de su lectura por su bien saber contar; en este sentido Dickens es un grande y de ahí el recuerdo perenne.

Dickens, CH., Grandes esperanzas. Madrid, Cátedra, 2016

¿Tine actualidad la obra galdosiana que se estrenó hace cien años?

La pregunta en sí lleva un acercamiento a la obra Celia en los infiernos que se estrenó en el teatro Español de Madrid el día 9 de diciembre de 1913. Pronto se cumplirán cien años. ¿Otra vez Galdós en el candelero? A los grandes hay que recordarlos, hay que leerlos, hay que ventearlos “urbi et orbi”, y más si en este caso plantea la justicia social tan lejos todavía de lo existencial; pero, ¿solo nos queda el “soñemos, alma, soñemos“, o, tal vez ni eso?

La obra fue dedicada a Serafín y Joaquín Álvbarez Quintero, “gloriosos mantenedores de un teatro resplandeciente de inefable gracia y alegría, arte bienhechor que endulza los amargores de la existencia humana. Su apasionado admirador y amigo, B. Pérez Galdós”.

La obra termina, dirigiéndose Celia al público, con una idea sustantiva que deberíamos tener en cuenta, de ahí su didáctica: “¡Ah! Mi felicidad, sí… Por lo que voy viendo, la única felicidad que Dios me concede consiste… en hacer felices a los demás”. ¿Puede uno ser feliz sin los demás, como tantas veces he escrito? O, en otras palabras, haciendo felices a los demás, uno es feliz.

La dicotomía galdosiana -riqueza-pobreza- puesta en la picota nos enternece, nos apasiona; el desequilibrio es tal que el dramaturgo alza la voz en el escenario para que se represente y llegue a la conciencia de la burguesía. Bien entendido que la caridad no puede ser una solución. El daño es tan grande que hiere, y las personas no podemos permanecer pasivas. Los desafortunados piden justicia. Hay que bucear en los arrabales de la miseria, como hace Celia, para redimirles, para hacerles personas. ¿Triunfaría, hoy, la obra de Galdós como fue aclamada en 1913? La respuesta es que no, porque todavía preferimos caridad a justicia, desgraciadamente. Celia baja a los infiernos que no son otros que los barrios bajos de Madrid, en donde se amontonaban familias en miserables cuartos sin ventilización, sin luz, sin higiene; Celia contempla el horror de la pobreza; es lo que no querían ver los gobernantes.

Coda a la alcaldesa: Madrid está en deuda con Galdós; desde luego ha hecho más que la estatua -con caballo incluido-  que preside la Puerta de Sol. El novelista sigue vivo; el otro, para la historia y no precisamente para enaltecerla.

Principales novelistas realistas europeos del siglo XIX

Aunque el adjetivo áureo no se ha empleado para denominar a los novelistas realistas y naturalistas de la segunda mitad del siglo XIX, bien se podía emplear. Dífícilmente vamos a  encontar un período en el que la novela ocupe la cota más alta en este género.

De la narrativa romántica al realismo europeo

El más grande entre los grandes: Galdós en el María Guerrero

Una afamado crítico-lo de “afamado” es un decir- escribía en una columna periodística que “Don Benito vuelve”. ¿Qué es eso que vuelve? Siempre estuvo, está y estará para los que entendemos la literatura como algo más que entretenimiento, mercado. Este mismo crítico aludía a lo de “garbancero”. Los que recogen esa expresión-no tienen otra-, de Luces de bohemia es no entender tampoco a Valle-Inclán; cuando las ideas son romas recurrimos a frases hechas, y además sin saber su origen, y sacarlas de contexto. Aprovecho esta página para algunos de aquellos que se han puesto el rótulo de “galdosianos”, que lo retiren o no lo nombren, bien sean españoles o extranjeros, sin que hayan comprendido al más “grande entre los grandes“, ni tampoco leído. He ahí muchos de los males de esta España que tan bien fue descrita por el novelista, periodista y dramaturgo de todos los tiempos.

Exposición “Galdós y la realidad” en el María Guerrero de Madrid

Hoy, estuve con un grupo de alumnos/as en el teatro María Guerrero. Se representó al Galdós viviente, al que le negaron el pan y la sal todos-progresistas y conservadores-, y cómo no el premio A. Nobel (por favor, el acento recae en la “e”; pronuncie como está escrito-en castellano y sueco- y no invente). Pero, si hay un premio NOBEL en lengua castellana/española merecido es el de Galdós; la academia sueca está en deuda, y no vale decir que fue la clase política la que no quiso; la academia debe estar por  encima de “cantamañanas”(que se apunten las excepciones, y los demás que callen, que es mejor). Hoy, Galdós estaría obnubilado al ver el panorama en el que nos desenvolvemos, y seguramente se preguntaría; ¿para esto dediqué toda una vida? A buen seguro que, hoy, sería postergado y, por supuesto, condenado por unos y por otros. ¿Es que alguien de los que defendieron y defienden el bien,  testigos de la verdad, se ha librado de la daga? Seguiremos soñando aunque sea en soliloquio continuo.

Me fui antes al teatro para ver la exposición “Galdós y la realidad”. Lo que más resalta son las fotografías del éxito de Misericordia que se representó en el mismo teatro en el año 1972. No creo que vuelva una respresentación tan excelsa  como aquella. Otro aspecto considerable es la primera representación de Doña Perfecta en 1896 con la adaptación del autor. La de hoy tenía una base de la novela, pero, a mi parecer la música no coadyuvó, ni tampoco la vestimenta de las primeras escenas pero, todo esto y otras formas, como lo poco que se percibe en cuanto transgresora, se debatirán en clase. Buena noche.