Es tiempo de reflexión. Tempus tacendi. Don´t talk. It´s better

Tempus tacendi” when

no acertamos con la abreviatura de etcétera (no es etc sino : , etc.).

Cuando escribimos con una rayita  tercero en vez de 3º.

Cuando escribimos UD en vez de U. D.

Cuando entrecomillamos las obras ( no es “La Fontana de Oro” sino La Fontana de Oro  o La Fontana de Oro (subrayada).

Cuando entrecomillamos una revista o un periódico (“El País”, “La Gaceta Literaria” en vez de El País, La Gaceta Literaria). No vale decir “es que me lo ha enseñado así”.

“Cuando no sabemos acentuar (por ejemplo no es Galdos,fué,vió sino Galdós, fue,vio).

Cuando no distinguimos entre ” si no ” y “sino”.

Cuando usamos el gerundio de posterioridad, reprobable no solo para el profesor/a.

Cuando creemos que sabemos más que el que examina.

Cuando no distinguimos entre realismo y naturalismo o escribimos que es doña Emilia quien introduce el naturalismo en España. Antes de sus novelas La tribuna (1883), Los pazos de Ulloa (1886), La madre naturaleza (1887)-aun reconociendo que estas dos últimas están consideradas como las más representativas del naturalismo- ya se había publicado La desheredada (1881) del más grande todos. La propia Pardo Bazán la encomia como la primera novela naturalista y destaca el talento magistral “en la expresión de sentimientos y pasiones”. Sin olvidarnos que también permanecen en este cajón Lo prohibido y La Regenta, y sin echar en saco roto que el naturalismo español es un realismo trascendido o una fase de nuestro realismo.

Cuando escribimos que La sombra  es una novela corta.

Cuando dejamos en blanco la “polifonía textual”.

Cuando no aportamos bibliografía del tema elegido.

Cuando la experiencia no nos ha sevido para hacer un buen ejercicio, hacemos fe de la idea de B. Shaw: “lo único que se aprende de la experiencia es que no se aprende nada de la experiencia”. Hay que demostrar al dramaturgo que no es así.

Cuando escribimos los años con punto (no es 1.881 sino 1881).

Cuando escribimos los meses del año con mayúscula (salvo a principio de una oración o después de punto).

Cuando ponemos punto en un título.

Cuando en la portada ponemos 2014., en vez de 2014

Cuando escribimos que La Fontana de Oro es una novela realista hay que decir por qué. No vale decir es “que una profesora universitaria”…, y que figura en algún manual (hay diferencias entre manuales). Hagámonos la pregunta: ¿he leído la novela, por qué no preguntas a esa profesora si la ha leído y que te explique por qué atestigua eso? ¿Por qué no escribir que las dos novelas históricas galdosianas La Fontana de Oro (1870) y El Audaz (1871)  le conducen a Los episodidos nacionales-historia novelesca-, y después al presente, a esa realidad contemporánea que conforman Rosalía, Doña Perfecta, Gloria, Marianela  y La familia de León Roch?

Cuando no engarzamos lo histórico con la realidad contemporánea…

Cuando escribimos VVAA y no VV.AA.

Cuando escribimos 60 ó 70 por 60 o 70 (no es normal tildar un elemento átono).

Cuando cometemos faltas de ortografía con reiteración.

Cuando citamos un párrafo y solo ponemos el autor pero no de dónde se ha extraído.

Cuando no aparecen citas a pie de página en una Programación, como si fuéramos los creadores de lo que escribimos; y lo que hacemos es copiar, copiar y copiar.

Cuando citas el Diccionario de dudas de hace quince años, y no el actual-2011- con las normas nuevas de la Academia.

Cuando no citas el Dicionario panhispánico de dudas

Cuando citas el libro de estilo del diario El País de hace veinte años, y no la última de mayo 2014 con las nuevas normas de la Academia.

Cuando obvias citar libros de ténicas de análisis y comentario de textos.

Cuando no recuerdas cómo  aplicar la didáctica de un texto.

Cuando exiges a los demás lo que no te exiges.

Cuando no innovas, no creas ante un tema. Recuerda el “Sé tú” de Píndaro.

Cuando después de puntos suspensivos pones minúscula; si quieres ponerla pon una coma después  …,

Sé humilde y reconoce tus errores.

Y, por favor, no nos apabulles con tus supuestas “Matrículas de Honor”. Estas hay que demostrarlas en las pruebas.

Y, sin duda, reclama; es un derecho. Denuncia si te han maltratado de palabra. Nos debemos respeto, tolerancia.

 

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Canto a Ernesto Cardenal

¡Qué alegría sentí esta mañana, a primera hora, cuando escuché por la radio y después corroborada por el periódico de que al poeta, teólogo de la liberación (¿es que puede existir otra?), Ernesto Cardenal le habían concedido el XXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana!

En esta página “web” ya hice referencia a la figura excelsa del poeta en un canto titulado “Desencuentro” el 9 de diciembre de 2011. En ese tiempo en el que todo se detiene, me refugié en su último libro Tata Vasco. Sentí ese compromiso, esa solidaridad que desprende su poesía, que juntamente con la fe forman un todo indivisible, en palabras de E. Cardenal. Unamos buena noticia y denuncia y hallaremos lo que es la poesía totalizadora. En las líneas que vertí en “Desencuentro” recordaba el libro todopoderoso, como es Canto cósmico, la cúspide de su poesía, aunque antes había publicado los libros Salmos, Epigramas y probablemente el más conocido o leído Oración por Marilyn Monroe, (¿quién no se acerca a ese ventanal ante tal nombre aunque solo sea por curiosidad?).

¡Qué bien nos ha recordado, con ocasión del premio, que “nunca ha sido un disidente sino un poeta de la Teología de la liberación, que es la teología de los pobres!, que  es lo que Jesús de Nazaret nos quiso anunciar: la buena nueva como sinónimo de justicia“. Fue un revolucionario, exactamente como el poeta. ¡Todavía asusta el témino, qué cosas!, cuando es sinónimo de justicia, de solidaridad. ¡Qué contrariedad que el representante de Jesús en la tierra, allá, en marzo de 1983, le amonestara públicamente, en un acto de soberbia, del que no conocemos si se arrepintió, y ahora ha sido beatificado! A buen seguro que si volviera Jesús de Nazaret a la tierra beatificaría a Cardenal, en vida, y le diría: “sígueme”, tú eres resplandor, como dijo a los apóstoles.

El teatro anterior a 1939

Es difícil toda clasificación en el género dramático porque más allá de las obras, tendencias, autores, tiene que predominar un teatro basado en la palabra; teatro con cara y ojos, con personajes, que nos inculquen nuevas esperanzas, confianza  en este camino existencial en el que nos desenvolvemos; esto es lo que hicieron los grandes dramaturgos de todas las épocas.

La crítica lo ha entrevisto, en este período, como de alta comedia, costumbrista, poético, costumbrista con la vitola cómica, humorístico, de compromiso, histórico, incluso como innovador; y aún así hallaríamos aquella obra singular que no encajaría en estas divisiones. Pero, hay cuatro dramaturgos que se levantan por encima de todos: Benavente, Valle-Inclán, García Lorca y Pérez Galdós. Cada uno de ellos destaca por alguna faceta dramática.

Si nos detenemos en el Premio Nobel de Literatura, Benavente, no hay término medio en cuanto a la crítica. La mitificación y la censura forman parte de su estandarte,  y eso que escribió 172 obras, desde El nido ajeno (1894) hasta Por salvar su amor (1954). Intentó acercarse a la sociedad, y además estaba orgulloso de haber llegado a los entresijos de la misma. Sin embargo, el crítico José Monleón escribió que “ su inteligencia le hacía ver la mezquindad de la sociedad a la que servía, sin atreverse a afrontarla en los puntos fundamentales”.

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La inmortalidad de Valle-Inclán: todo un testamento con el rótulo Luces de bohemia

Luces de bohemia es el libro más famoso de Ramón María del Valle-Inclán. La obra completa se publica en 1924. Antes, vio la luz en la revista España, por entrega semanal desde el 31 de julio al 23 de octubre de 1920. Cuenta la vida de Max Estrella, poeta miserable y ciego. Valle se inspiró en Alejandro Sawa.

Si hay una palabra en la que se sustenta es deformación porque era la única manera de acercarse a la realidad, a ese Madrid, absurdo, hambriento, brillante. Creemos  que es extensible al resto de España, ésta es descrita por el personaje fundamental como una “deformación grotesca de la civilización europea”. En el recorrido-peregrinación nocturno de Max Estrella nos percatamos de hasta dónde podemos llegar en las relaciones humanas. Desciende a los abismos de la miseria, de la ignorancia. Es la obra maestra del esperpento en la que no cabe “honestidad”. Pero,  va más allá al reflexionar sobre la literatura como vida, como compromiso, pero también como arte. Sigue leyendo