Doña Inés: un recuerdo filológico

Los que nos dedicamos a la docencia tenemos que hacer muchas relecturas para explicar mejor nuestra capacidad en el arte docente y cumplir mejor con los programas que tenemos que explicar; esto  ocurre a veces; ahora, entre mis manos, Doñas Inés de Azorín, que así se conoce a José Martínez Ruiz. Lo primero que nos viene a la memoria es ese estilo pulcro, breve, con que adorna lo que cuenta; aunque haya sido definido como escritor de una página, también va más allá cuando nos adentramos en el resto de géneros.

El epílogo está firmado en San Sebastián el año 1925, y antes LI títulos que hacen la delicia estilística, en los que traza lo cotidiano para elevarlo a la perfección lingüística. Su primera estampa es el Madrid de finales del siglo XIX, concretamente “las afueras del barrio de Segovia” (Casa de Campo, el Campo del Moro y el Parque de Palacio). Nos maravillamos cuando leemos esta prosa tan nítida y tan sugerente que hoy quisiéramos ver en la actualidad.

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Desafío al maratón. ¡Enhorabuena!

Desafío al maratón. La realidad  del maratón popular en boca de los propios atletas. Es el título del libro de  Alfredo Varona. A ciencia cierta me he entregado a su lectura como el pan que nos alimenta, con un afán no tanto por la forma sino por conocer los entresijos de quien participa en el atletismo no en demasía, así de nítido.

Una pregunta que subyace en el libro es ¿”A qué hora puedo entrenar”? Aquí no vale decir es que tengo mucho trabajo, apenas tengo tiempo. Si dices eso, te falta voluntad para el atletismo y para todo. El corredor entrena cuando puede, no cuando quiere.

Coda. En estos momentos aún no ha terminado el Maratón de Madrid. Vaya mi felicitacioón más entusiasta a todos los que ya han finalizado y a los que áun con esfuerzo les faltan unos pocos kilómetros. Aunque yo no me inscribí, sin embargo, en un lugar indeterminado me uní para que me sirviera de entrenamiento para la gran cita que tengo el 17 de mayo en Göteborg. Cuando pasaba por el Paseo Moret (Parque del Oeste, en el distrito de Moncloa), íbamos como un río que nos lleva-me acordé del famosísimo poema de Gerardo Diego, en concreto del verso “nadie a acompañarte baja / sino…”. Pero, eso sí, una vez que enfilábamos la Avenida de Valladolid, de vez en cuando, había pequeños grupos de gentes que daban ánimos. El fervor de los aplausos y el entusiasmo hubo que esperar al puente entre la estación del Norte-Madrid Río para adentrarnos en la Casa de Campo; en esta en un lugar indeterminado torcí a la derecha y abandoné la carrera para dirigirme corriendo a los campos de la la Universidad Complutene ubicados en la Ciudad Universitaria.Total una hora y media de entrenamiento en una mañana primaveral.