El ciclismo en Extremadura

Acabo de recibir el libro ¿Dónde viene Induráin? Antecedentes, génesis y evolución de la Vuelta Ciclista a Extremadura, publicado por la Diputación de Badajoz, 2017. Los autores: Juanfran de la Cruz Moreno y Rafa Carbonero Caraballo. Juanfran fue un alumno brillante de la Facultad. Al recibirlo, he sentido emoción al recordar las conversaciones y el alto grado de inteligencia que poseía y que ahora demuestra con su prosa límpida que es la base de un periodista.En primer lugar, gracias mil no solo por el recuerdo sino por un libro de hechos que probablemente se nos escapan, vivamos o no en esa Extremadura hecha de trozos de cielo, pero esquilmada en épocas determinadas.

En el índice hallamos todo un recorrido claro de lo que fue el apasionante mundo del ciclismo, siempre tan en boga. Tres partes y un anexo conforman lo que puede ser el primero que los autores lanzan para el conocimiento. Me ha llamado la atención  las “Galerías de imágenes”, sobremanera, El cuaderno: aprende con la vuelta ciclista a Extremadura, 1999, de dos profesores abnegados que crearon un proyecto educativo, donde los escolares de la región iban a conocer mejor su tierra a través del mundo del ciclismo. ¡Qué alegría que la docencia sirva para nuestra formación! El/la maestro, el/la profesor con vocación deben ser siempre luz, candelero perenne, cirio eternal, antorcha en la noche. En la última página-287- podemos leer “Prólogo” al Cuaderno: aprende con la vuelta ciclista a Extremadura, 1999,  de un grande del ciclismo Miguel Induráin Larraya en el que subraya que el ciclismo es una forma de vida y así se aprende a vivir.

Al leer el libro, con la gran cantidad de imágenes, encontramos una Extremadura viva.

Portada del libro.Inmensa Extremadura, atesorada de paisaje que nos evoca el paraíso.

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Tarde lluviosa

Tarde lluviosa,que se agradece después de días de calor; siempre es reconfortante un término medio; pero este torrente permanente de agua viene bien a la sierra madrileña en muchos aspectos; también es poético oír el ruido de la lluvia en sitios espléndidos, y, sobre todo  en un ámbito universitario como es la universidad “María Cristina” de San Lorenzo de El Escorial.

Presentación del número 845 de la revista Ínsula en Blanquerna

La labor del Centro Cultural Blaquerna es como agua en el desierto. Su espíritu por la cultura, por el conocimiento, cada día se expande más. Tenemos que ser agradecidos que se haya presentado y reconocido la importancia de la revista Ínsula, sobre todo en los tiempos en que la cultura era signo de provocación-que podíamos denominar convulsos- y supo estar desde 1946 contra viento y marea. Ahora con el número 845, todo dedicado a J. Pla, uno de los prosistas más importantes del siglo XX. Solo nos resta, primero leer la revista y después acercarse al venero de una prosa cristalina, pero también inquieta, purificadora y, cómo no, didáctica. Eché de menos un artículo sobre Literatura y Periodismo en Pla, supongo que habrá sido por falta de tiempo o quizá por necesidades de la revista, o quién sabe. No quise preguntarlo en el coloquio por no alargar la presentación y porque me hubiera extendido en otras consideraciones que se vertieron y discrepaba, o por lo menos tenía otra visión y así enriquecía el acto.

Con un público entregado-unas 50 personas, el lunes día 5 de junio- a quien supo hilvanar ideas para que ahora nos deleitemos leyéndolas. Discrepo de quien venteó que necesitábamos conocer a Pla-en la docencia sí es conocido y leído-; y cómo no, del director del Cervantes cuando sin venir a cuento soltó el latiguillo  que aparece en Luces de Bohemia sobre el más grande escritor después de Cervantes; impropio de una persona culta y además con un cargo en el que debe ser luz; le recuerdo, aunque sé que no lo leerá, que Valle-Inclán admiraba a Pérez Galdós. Ya habrá otra ocasión de reprochárselo en otro peregrinaje literario.

Un joven poeta que no escribe del amor humano

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Un joven poeta que no escribe del amor humano
Félix Rebollo Sánchez
Me ha extrañado que un joven poeta-con vocación docente y lejos de todo convencionalismo- no se haya introducido por ese sentimentalismo que nos pertenece; las personas estamos hechas de hondura sentimental; si nos falta, la naturaleza es injusta porque la palabra poética esmaltada de algo que nos es inherente debe prevalecer, aunque solo sea como brizna.
Alberto Guirao está en la encrucijada, al menos para mí, de la savia a la que me refiero con el título. ¿Puedo adelantar que de dos libros que he leído-Cuatro años que le pasaron a otro y Ascensores– no derrocha vitalismo, y, sin embargo, construye una poesía muy rica, pero no solo como ejercicio de hospitalidad, va más allá, aunque no hallemos sentimientos de verdad vital? El poeta se pregunta: “¿En qué color el amor? ¿Por qué tanto hablar de lo mismo? ¿Acaso existen más preguntas?” (Cuatro años que le pasaron a otro pág.34). Sin más, claudica (es el verbo al que recurre).
La creación poética proyecta un yo que el lector recoge y hace suya, la amasa y la convierte en sabiduría; esto es lo que pretende A. Guirao: ahondar en la palabra para que al lector se le ilumine su conciencia de ser. Este es su logro.