Dictats. Obra completa de Ausiàs March

La editorial Cátedra, siempre atenta a la obras inmortales, acaba de publicar lo que ya necesitábamos en edición bilingüe: la obra completa de Ausiàs March -1400-1459- (1). La voz del poeta valenciano después de seis siglos, aún pervive; la modernidad se da cita en su poesía. La edición nos muestra el texto original de los Dictats. La lectura es placentera tal vez porque venga la traducción en prosa. De cualquier forma, es una lectura obligatoria en todos los sentidos; desde luego, yo me siento más seguro, me aportan más,  incluso estilísticamente, las obras clásicas. Es algo gratificante. Ahora que el tiempo se detiene-las vacaciones son para llenar las alforjas- es cuando la mente está más lúcida para la entrega a la lectura y, por ende, a la reflexión.

Si bien estamos ante un gran poeta, llama la atención-aunque no tanto, dado su cristianismo bíblico-agustiniano- el concepto de mujer que tenía (“Si com Adam pres mal del vedat gust / com sa muller li mostrá mal camí / dient…-Como Adán conoció el dolor por probar el fruto prohibido cuando su mujer le mostró el mal camino diciendo…)”. No vale escudarse en que así está descrito en el Génesis y que la poesía trovadoresca arremetía de igual forma si rechazaba a un hombre o la dama le traicionaba con otro. La actitud misógina no se puede aceptar venga de donde viniere y menos desde los evangelios; es decir el verdadero cristianismo, no el que la jerarquía de la iglesia, incluso santos han pregonado.

Así  y todo, los estudiosos de su obra han consignado ciento cinco poemas de amor de los ciento veintinueve que conforman la obra de Ausiás March. Su testimonio referente al amor nos lo describe como algo espiritual más allá del deseo sexual (“Hay muchos hombres en el mundo que no han entendido mis versos-y aún muchos más que no han oído hablar de ellos-; nadie quiere creer que, en medio de lo amores viciosos, el honesto se esfuerce en mi por independizarse de los deseos enemigos que lo tenían  sometido, y produzca su efecto maravilloso. Al igual que en el agridulce no se distinguen los sabores que lo componen, así se mezclaban mis deseos cuando ella vivía , XCIV, pág. 683”). Así configura el poeta toda su obra, en la que separa el amor humano del deseo sexual.

De la edición, sorprende o me crea confusión cuando su hacedor mantenga que “Ausiás Mach, en cambio, fundó la poesía catalana moderna cien años antes…”, cuando antes había escrito que el poeta “no ha dejado en su obra ninguna afirmación sobre su idioma, se identifica como valenciano en los poemas…”; y a continuación “lengua materna valenciana” (pág. 87). Como la dualidad valenciana-catalana nos llevaría lejos, y aún así siempre habrá un pero….., lo ideal es que nos acerquemos a esta poesía sin anteojeras de “Mosén Ausiás March, el qual aun vive, es grand trovador, e hombre de assaz elevado spíritu”.

 

 

 

 

 

 

 

 

March, A., Dictats. Obra completa. Madrid, Cátedra, 2017, 1138 págs.

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The Ballad of Reading Gaol

Cuando terminé de leer-el fin de semana- The Ballad of Reading Gaol quedé impresionado por la fuerza lírica con que Óscar Wilde se adentra en los pormenores de los que están encerrados por distintas causas, sean erróneas o verdaderas, en la cárcel; en este caso, en concreto, por el ahorcamiento en la cárcel de Reading de un soldado de caballería de la Guardia Real, como consecuencia del asesinato de su esposa.

Su estancia en prisión, dos años, le hizo comprender la falta de libertad lo que supone; y es aquí donde describe la fatalidad de un hombre que le conduce al suicidio. Con el título In Memoriam C.T.W., sometime trooper of the Royal Horse Guards: Obiit H. M. Prison, Reading, Berkshire, July th 1896 desgrana unos acontecimientos que nos llenan de inquietud, de zozobra; hasta dónde puede llegar lo existencial cuando la vida se nos escapa; es realmente descorazonador la última estrofa-o a mí me lo parece-, que ya había repetido casi como estribillo: “And all men kill the thing they love, / By all let this be herard, / Some do it with a bitter look, / Some with flattering word, / The coward does it with a kiss, / The brave man with a sword!”. Simplemente desconcertante. Tal vez, Wilde, dolido por la traición, también se aflige por quienes sufren los aciagos días entre rejas ( ” I walked, with other souls in pain”).

Endymion,una lectura necesaria

Endymion, una lectura necesaria

Félix Rebollo Sánchez

Que J. Keats se edite en el siglo veintiuno es buena señal; lectores no le faltarán  al poeta que podemos recordar en todo su largor en el epitafio de su tumba de Roma: ” He lies one whose was write in water”, y plasmó para la eternidad “Beauty is truth; truth, beauty. That is all”. Ya en el primer verso del libro primero lo pone como luz: “A thing of beauty is a joy for ever”; y más adelante remacha; “yes, in spite of all,/ some shape of beauty moves away the pall / from our dark spirits”. Las palabras de Arnold todavía tienen vigencia: “ningún otro poeta después de Shakespeare ha poseído la fascinadora capacidad expresiva de Keats”.

Nos adentramos en la simbología del poema; sinceramente qué más da, aunque haya aspectos capitales, en las diversas opiniones, para ir más allá de la palabra; entre ellas destaca la tesis doctoral de don Esteban Pujals Geselí en la que insiste en la multiplicidad alégorica; hasta cierto punto es lo más certero en la literatura y más cuando hablamos del género poético. El hecho de que haya sido contemplado con la tríada cuento, romance o relato poco importa; lo primordial es su lectura y si nos sirve para el camino existencial que hemos emprendido.Cortázar se atrevió a definirlo como “libro suelto y despeinado, lleno de interpolaciones y saltos y grandes aletazos y zambullidas”. Es la plenitud y la luz.
rtzarEn los casi cuatromil versos repartidos en cuatro momentos se nos narra la vida de Endimión y sus amores, basados en la mitología aunque con añadidos del poeta.

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Keats, J., Endimión. Madrid, Cátedra, 2017

Hacia otra relectura de Don de la ebriedad

Una nueva lectura para la docencia: Don de la ebriedad

Félix Rebollo Sánchez

Refugiarse en la poesía siempre es un alivio y más cuando el pensamiento atesora capacidades que van más allá del lenguaje denotativo; en este caso, me refiero al poeta Claudio Rodríguez que supo entender la poesía como ebriedad, como entusiasmo, como rapto, como fervor; aspectos que podemos observar en su primer libro de juventud: Don de la ebriedad. Para el poeta es “un solo poema arbitrariamente dividido en fragmentos”. Qué más da que haya conexión o no; quizá la descoordinación nos conduzca a más claridad, más sencillez y a más conocimiento. En sus conferencias, le he escuchado decir que sus primeros poemas “brotaron del contacto directo, vivido, recorrido, con la lentitud de mi tierra, con la geografía y con el pulso de la gente castellana, zamorana”. Se podría definir Don de la ebriedad como libro andariego.

Por mi mente, en estos momentos, revolotea quizá una de sus últimas expresiones en vida: “que me voy de vuelo”; cuando ya la muerte le acechaba llamó al director de la Real Academia Española  para que trasmitiera al resto de compañeros su despedida  con la  frase que ha quedado para la posteridad.

La década de los cincuenta fue rica en poetas que supieron salir de una realidad que les agobiaba y supieron cobijarse en la poesía ( citemos a los que han dejado una estela de esplendor: Blas de Otero y Gabriel Celaya – como abanderados de la poesía social- Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, José Agustín Goytisolo, Ángel González, Carlos Barral, Francisco Brines, etc). Claudio Rodríguez, ante una realidad atosigante, eligió la exaltación de vivir, como un camino hacia la aventura, sin explorar; pero fue el contacto con la naturaleza-recurre a vendimia, encina, cosecha, vino, surco, meseta-, con la realidad, sin apenas conocimientos, los que le animaron a trazar versos hondos, sinceros; el detalle más insignificante le sirve como apropiación para su poesía.

Hoy, con mirada retrospectiva, como casi siempre, hallamos los mejores versos en los que se construyeron en momentos de juventud. Los poetas no siempre lo son; dejan de serlo con el paso del tiempo; el halo poético no es para siempre; sus primeras obras conforman un mosaico lleno de perfección; después existe una poesía repetitiva e incluso aburrida; algunos, sin embargo, no lo quieren percibir.

En mi pensamiento han quedado imágenes que la construcción poética de Claudio Rodríguez la ha realizado caminando, en movimiento; la frase textual del poeta “yo he escrito casi todos mis poemas caminando” cobra todo su vigor. Es el poder de crear el que consigue la palabra exacta, precisa; y todo unido a ese ritmo interior que es el que crea el pensamiento para después que el poema hable o calle, no existe intermedio; el canto debe extenderse, debe penetrar en los lectores; es la tarea del poeta como creador del pensamiento, que se sumerge en la contemplación, en la expresión viva.

Todo ese deambular por el marco poético lo hallamos en los tres libros que conforman Don de la ebriedad. El primer verso del libro primero-nueve poemas-, es sobrecogedor: “Siempre la claridad viene del cielo”. Ya está instaurado en lo paradisíaco. Es su mundo poético. El segundo libro es exiguo, consta de dos cantos (“Canto del despertar”, “Canto del caminar”). El primer verso lleva la carga de un presentimiento (“El primer surco de hoy será mi cuerpo”); la luz embellecedora ha pasado, ahora, a dolor (“sí para mi castigo”). Bien es cierto que el poema termina con esperanza al señalar el camino verdadero (“…Entonces / hay que avanzar la vida de tan limpio / como es el aire, el aire retador”. En el “Canto del caminar”, se siente culpable porque se lo gritan (“Quiere que sea así quien me aró. -¡ Reja /  profunda!-  Soy culpable. Me lo gritan. / Como un heñir de pan sus voces pasan / al latido, a la sangre, a mi locura / de recordar”). El desasosiego del poeta es evidente cuando construye estos versos.  Por una parte, la contemplación y por otra, la sabia, estar en el camino para llegar a ese éxtasis poético. Ambos van precedidos de citas (San Juan de la Cruz y Rimbaud).  Pero es en el libro tercero-ocho poemas- donde hallamos la reciprocidad, aunque comience con negrura (“Lo que antes era exacto, ahora no encuentra / su sitio”.); el canto en el que hallamos la relación yo-tú; el encuentro amoroso; es el conocimiento el que lo concita. El adjetivo más apropiado de la ebriedad:lúcida.Así es su poesía.

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Pere Gimferrer en Madrid

Como la nube desenmascarada,

ver otra vez tu rostro en los carmines

de la vacilación de amanecer.

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Ante un salón abarrotado-para mí fue sorpresivo- se presentó, tarde-anoche, en  Conde Duque de Madrid el último libro de Pere Gimferrer: No en mis días. El poeta del libro clásico y referente de la poesía de los años sesenta Arte el mar (1966)impregnado de tradicionalismo y sensualismo- nos alimenta, de nuevo, en su siempre alborear poético; no puede pasar desapercibido, es como una estela hacia lo sublime; ya quedamos absortos con Amor en vilo (2006 y Tornado (2008).

Hasta la saciedad nos ha repetido que el tema de la poesía “es la poesía”; claro, unido a la fórmula ya clásica: sonido, ritmo, palabra; y estas dentro del campo semántico musicalidad-literatura; no hay más fórmulas; en esto, Pere Gimferrer es un maestro, aunque, a veces, no entendamos algunos versos por la dificultad que entrañan, pero siempre con fidelidad a la medida, al alejandrino, al ritmo. Es de los pocos que hoy defiende que la palabra se basta así misma; es el retorno al fogonazo irracionalista; es el fulgor que estalla, que inventa lo nuevo, que nos purifica; el relámpago que ilumina como llama perpetua.