Reflexiones en un Madrid caluroso

En un Madrid caluroso, en el sur y en el norte, con tres años de diferencia,  las similitudes son el común denominador en cuanto al conocimiento y a la forma; son los mismos errores; me han sorprendido aspectos que un filólogo tenía que haber superado a estas alturas y más si ya imparte docencia. La formación que debe tener un filólogo parece que cayeron en tierra baldía; no solo me refiero a las faltas de ortografía y a los signos de puntuación sino tambíen al arte de escribir y a la oralidad. La semilla cayó en tierra pedregosa. ¿Qué hacer? Imbuirnos de lecturas, acercarnos al templo del conocimiento como son las bibliotecas; es aquí donde debemos pensar para que las ideas que tenemos afloren sin que el estilo se alambique, sea fruto de la sapiencia que día tras día adquirimos.

No es de recibo alardear de que ese día estuve mal, no tuve suerte o que no tienen ni idea; no te columpies en esos asertos; sé tú y demuestra en otra oportunidad que ya has asumido la superficialidad con que te presentaste, simplemenrte, a ver si este año, por fin, la consigo después de tanto tiempo  de experiencia; esta, sin embargo, cuando la experiencia no nos ha sevido para hacer un buen ejercicio, hacemos fe de la idea de B. Shaw: “lo único que se aprende de la experiencia es que no se aprende nada de la experiencia”. Hay que demostrar al dramaturgo que no es así. Inténtalo y demuestra al clásico que no estás en ese tabernáculo.

Un poeta prendido de amor: Pedro Salinas

El epistolario secreto del gran poeta del amor

Félix Rebollo Sánchez

Me esperan 151 cartas de Pedro Salinas a Katherine Whitmore, más el apéndice de la amada escrito en junio de 1979, muchos años después de la muerte del poeta. Me hubiera gustado que Salinas lo hubiera leído para matizar o, quizá, para reverdecer un pasado viviente; no ha sido posible.

Uno de .los poemas que me llenaron y sentí fue “¡Qué gran víspera el mundo!”  de La voz de debida. De ahí que me lanzara a comentarlo y después publicarlo ( “¡Qué gran víspera el mundo!” en Tejedora de palabras. Madrid, Fragua, 2013, págs. 267- 278). No sé si conseguí lo que el poeta quiso mostrarnos pero lo intenté. Ahora, entre mis manos, unas cartas que perfuman ya desde la primera de 1 de agosto de 1932. La primera palabra “Desgarramiento”, y termina con la lapidaria frase “Hasta mañana, ¿sabes?, hasta ahora, te escribiré”.

El lector, después de unas palabras certeras, está como en vilo para iniciarse en la segunda lo antes posible por si ya se ha conseguido ese hermanamiento que conduzca a la dicha entre dos personas que esperan fusionarse aunque solo sea en el papel. La añoranza, la búsqueda, incluso impartiendo clase se pregunta ¿“Dónde está mi sonrisa, mi rostro medio vuelto, mi inteligencia hecha persona, hecha delicia en atención?”. Es ese ser querido que añora, que necesita, que echa de menos.

Y así, he ido desgranando una a una las primeras veinticinco, todas amorosas, copiosas de dicha. Eso sí, muchas de ellas a la “lista de correo”, como prefacio de una relación que se quiere ocultar. Nunca entenderé por qué el amor no puede ser esplendoroso, que irradie a los demás, que se ponga encima del celemín.

En la carta veinticuatro, la ansiedad de su presencia raya lo indecible; el sufrimiento, el tormento si la separación fuera eternal: “And were you saved, / and I condemned to be / where you where not, / that self were hell to me.”. Los versos no son de Salinas sino de Emily Dickinson, en concreto están extraídos del poema XII que comienza I cannot live with you. Sin duda, se sirve de ellos para expresar lo que siente, pero esto poco importa, tal vez recurra al verso en inglés para que llegue con más nitidez o porque a Katherine le gustaba la poetisa norteamericana.

Jardín umbrío de Ramón del Valle-Inclán

Obras menores de Valle-Inclán, pero excelsas: Jardín umbrío

Después de la lectura de La lámpara maravillosa me dije: ¿por qué no proseguir con aquellas obras que han relucido menos en cuanto a su lectura y publicidad? Este es el motivo de acercarme a estos retazos prosaicos en que la belleza estilística nos inunda de esplendor. Tal vez sea el Valle menos conocido, pero su impronta rápidamente se percibe. Todo es luz: desde “Juan Quinto” hasta “Nochebuena”, diecisiete en total. Al final, estremece la “Oración” que cierra el libro. Se trata de la explicación, el motivo de la publicación que adelanto: “Fue una amiga, ya muerta, quien con amoroso cuidado reunió estos cuentos, escritos a la ventura y en tantos sitios para morir olvidados. Cuando un día me los entregó, después de muchos años, yo creí hallar en ellos el perfume ideal de sus manos. ¡Pobres manos frías, ojalá pudiéseis ahora volver a perfumar estás páginas!”.

Uno a uno he ido desgranando todos los cuentos; y a fe que me han perfumando, he sentido la fuerza de la expresión sin alambiques, con el tino exacto que no es costumbre en la prosa que leemos hoy o no tan perfectiva; la vuelta a los clásicos es siempre regocijo; ¡qué error las adaptaciones, y lo peor es que ya se han adentrado en los que estudian Filología, y, además, se defiende y, por ende, se extiende en la docencia! La cultura del esfuerzo es vista como algo raro. La capacidad de asombro es infinita. Vayamos a los que nos forma, a lo que nos nutre y no nos quedemos con la floritura del camino. Grande Valle.

La lámpara maravillosa

La lámpara maravillosa, cien años después. Homenaje a Valle-Inclán

Félix Rebollo Sánchez

La sacralización de la belleza fue algo inherente a Valle-Inclán: “No olvides que la última y suprema razón que todas las cosas atesoran para ser amadas, es ser bellas”. Mucho antes, J. Keats plasmó para su acuñación: “La belleza es verdad; la verdad es belleza”. ¡Qué lejos estamos cuando el mundo está regido por el deseo de poder, la codicia y la maldad; precisamente esta lámpara al igual que el cirio pascual de los cristianos está llamada a ensalzar la belleza, pero también a dónde nos puede conducir la maldad que no es otro que a lugares infernales.

La fusión del arte y la vida, tal pretende Valle-Inclán, como ráfaga de luz para asimilar su obra, incluidos los famosos espejos de la calle Álvarez Gato de Madrid. Somos peregrinos que caminamos hacia la luz como nos recuerda en “Gnosis”: “Hermano peregrinante que llevas una estrella en la frente, cuando llegues a la puerta dorada, arrodíllate y medita sobre estas palabras de san Pablo: si quis inter vos videtur sapiens ese, stultus fiat, ut sit sapiens”.

“El anillo de Giges”, “El milagro musical”, “Exégesis trina”, “El quietismo estético” y “La piedra del sabio” constituyen una arqueología filológica base de la producción valle-inclanesca; son las partes de La lámpara maravillosa; obra que casi no se cita y sin embargo es el arroyo que recoge toda su obra. La similitud de los cinco capítulos-secuencias es chocante.

Sus ideas estéticas están remozadas de espíritu paulino o, tal vez, ignaciano si tenemos en cuenta el subtítulo del libro Ejercicios espirituales. La lámpara maravillosa comienza con “Gnosis” al que se puede denominar pre-liminar; es el anticipo de todo un conocimiento que nos lleva a la sabiduría. En la última glosa no tiene dudas: “Peregrino sin destino, hermano, ama todas las cosas en la luz del día, y convertirás la negra carne del mundo en el áureo símbolo de la Piedra del Sabio”. Son cuarenta y tres que se reparten en siete, diez, nueve, diez, y siete de similar extensión. Todas impregnadas de lo existencial, principio para adentrarnos en la creatividad, donde el gozo es palabra, y esta perfección suma; así Valle concibe lo estético, la cumbre, el paraíso filológico; pero, nos advierte de que el camino es tortuoso, aunque nos invite a realizar la experiencia como purificación para alcanzarlo, lo que importa, la luz que es bien, amor, dicha.

Correspondencia galdosiana

Correspondencia galdosiana(1)
Félix Rebollo Sánchez

Nos tenemos que felicitar por el arrojo que ha tenido la editorial Cátedra al publicar lo que nos faltaba: la correspondencia galdosiana en su conjunto (“esperamos que esta edición pueda suplir una carencia en los estudios galdosianos”, pág.21). Son 1.132 cartas con fecha de publicación que van del 4 de noviembre de 1862 al 1 noviembre de 1918. A estas hay que añadir 38 sin fecha; en total 1.170 cartas.
En la contraportada del libro se recogen palabras atinadas de Clarín del que extraigo: “ y se puede decir que escribe…, como viste, sin asomos de pretensiones, y porque no hay más remedio que escribir para explicarse”. Esto es lo que hizo el más grande de las letras castellanas después de Miguel de Cervantes. Ahora revolotea una queja de que no se hace lo suficiente por los cuatrocientos años que han transcurrido desde el nacimiento del autor del Quijote. Vaya también como recuerdo que hasta el Jefe de Estado maniobró, en su momento, para que no se concediera el Premio Nobel a Pérez Galdós. Nuestros dirigentes casi siempre han obrado de manera torticera en cuanto a la cultura. Se dice-noticia periodística-que los que habitamos en la Comunidad de Madrid hemos contribuido sin que se nos consulte a la publicidad con miles de euros al último Premio Nobel en lengua castellana/española ( a la sazón, escritor peruano como se define).
¡Qué cosas ocurren en nuestro país! ¡Lo que hay que ver! (2) . Pero, ahí están los dos-admirados fuera de España-, perennes, ejemplos del arte de contar; sus obras son espejos vivientes no solo en el arte de narrar sino también en los hechos que lo hacen posible. ¡Cuántos/as viven de sus escritos sin que sirvan de ejemplo, y sin embargo ambos escritores pasaron penuria al final de sus vidas! Cómo no decirlo, ¿cómo se puede conceder el Premio Miguel de Cervantes a quienes no han hecho nada por extender su obra y ni han escrito algo de nuestra primera pluma? No tenemos respuesta. Claro, se dirá, como siempre, que esa es una pregunta antisistema; hoy día, muy notorio, cuando se intenta acercarse a la verdad en todos los ámbitos.
Aunque ya muchas de las cartas de Galdós las conocíamos han llegado como agua de abril para extender, también, el género epistolar tan singular en la literatura pero lleno de sapiencia la mayor parte de las veces. Son memoria pura; almenas por las que podemos mirar la interioridad certera del escritor. Bienvenidas sean, por tanto, estas cartas; pero, sobre todo, que las leamos y no seamos como esas personas que hablan mal del escritor canario-madrileño-santanderino para hacerse famoso y salir en los medios de comunicación.
A veces, hablamos de oídas, simplemente porque no tenemos nada que decir; se nos nubla la mente ante el desconocimiento. ¿Cómo se puede hablar mal de un escritor sin haberlo leído? Pues esto existe; se imparten conferencias, se presentan libros sin que antes se hayan leído; a lo sumo, la contraportada; y como preguntes te señalan, a no ser que sea para la felicitación muy propio a las que acudo.

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1. Pérez Galdós, B., Correspondencia. Madrid, Cátedra, 2016, 1.170 págs.
2. En expresión cidiana quizá tenga más fuerza; “cosas veredes que farán fablar las piedras”( en algún texto aparece “tenedes” por “veredes” , no sea que alguien me lo reproche; aunque para la posteridad ha quedado esmaltada “veredes”).