Martín Gaite todo un hito literario en que la perfección enaltece

Cuando citamos a Martín Gaite nos tiene que venir a la memoria el Ateneo de Madrid donde pasó tantas horas leyendo y escribiendo. Recordemos los versos de Espronceda que a buen seguro los tenía en su mente:.”A todos, gloria, tu pendón nos guía, / y a todos nos excita tu deseo: / apellidarse socio ¿quién no ansía / y con las listas estar del Ateneo?”.  Me ha sorprendido que el profesor  José Teruel no  haya recordado este dato que los ateneístas propalamos y ella glorificó.

Cuando pareció, allá en 1978 , El cuarto de atrás, quedamos prendados de su belleza estilística; ya no se podía superar esas formas  que ella supo hilvanar para la posterioridad, aunque quizá los libros que nos apabullan sean  Nubosidad variable y La reina de las nieves. Nos da igual que sea autobiografía repleta de ficción, novela, ensayo, qué más da; no acortemos las alas del arte de escribir. Cuando leemos, percibimos un pasado entrevisto de presente; poco importa que esté revestido de ironía para agavillar mejor el hecho transcurrido. Como muchos escritores y escritoras, Martín Gaite se refugia en la literatura, tanto la escrita como la lectora; es cuando la soledad quiere imponerse y ella se integra, no se evade, quiere ser, translucir, el rescate de la memoria como asidero,  adentrarse en la dicotomía realidad-ficción y trazar los raíles de la inocencia y la madurez para una formación venidera de los/as posibles lectores; su mundo como atalaya en la que podamos subir para ver. Distinguimos ese halo de la ecritora en tanto en cuanto nos damos cuenta de que su narración tiene basamento el cómo y a quién se cuenta con precisión y belleza léxica en esa oralidad que se establece con el misterioso personaje que la visita cuando la inspiración le viene de sopetón. Es única, se distingue cuando la leemos. Gloria, por tanto, a quien supo amasar hechos que nos conmueven y venteamos.

La literatura de no ficción en el marco del “Nuevo Periodismo”

La literatura de no ficción. 

Ante el barullo del término,  escribí estas ideas por si podía dar luz a esa moda de los años ochenta de la que discrepaba en la revista Anaquel. Ahora, después de tanto tiempo transcurrido la recupero para aclarar-otra vez-la gran mentira del término “nuevo periodismo”. De poco servirá porque se volverá a repetir sin que se demuestre tal expresión, me refiero, claro, al adjetivo.

Lope de Vega en la cúspide poética

Que la editorial Cátedra, de nuevo-hace poco se publicaron las Cartas-, se acerque al poeta excelso es buena señal. A ver si de una vez nos dejamos de tantos chascarrillos-incluso libelos- como se cuentan en la casa “Lope de Vega” de Madrid y mucho peor en la enseñanza. De una vez hay que acercarse a su poesía y a su teatro y dejar esas patrañas que  no se sostienen. Y lo que es verdad no se dice; por ejemplo, la Inquisición prohibió una parodia del Credo de los cristianos-católicos: “creo en Lope de Vega, todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra…”.

Acerquémonos a su capacidad creadora, a su energía vital, a esa desbordante humanidad en la que se juntan dos épocas el Renacimiento y el Barroco enarbolados por dos mitos literarios: Cervantes y Lope de Vega. Toda su obra está inundada de lirismo, bien se dieron cuenta la llamada “Generación del 27”, que hizo bandera de su poesía. Una parte lo constituyen los Romances de senectud. Hay que alegrarse de que se publiquen juntos y sobre todo que se lean para desterrar las tonterías que se dicen. En concreto, en esta edición se recogen “todos los romances, romancillos y composiciones arromanzadas” que escribió fuera de su obra dramática desde 1621-1635 (salvo la LXXV, ¡Ay, verdades, que en amor! y Vengada la hermosa Filis, a. 1616-). A mi parecer, la introducción que realiza el editor es demasiado extensa porque lo primordial es que se lean los versos de Lope. Sin embargo, las notas a pie de página de los Romances es de lo mejor conseguido y además dan nitidez a la comprensión. La poesía de Lope hay que leerla, propalarla. Bien está que se analice; ahora bien, no hay que entretenerse tanto en aspectos de unos y de otros cuando nos acercamos a los poemas; por ejemplo, “¡Ay verdades que en amor!” y “Vengada la hermosa Filis”. En los dos se recurre a la misma estructura: testimonios, difusión, trasfondo y estilo. Incluso en todos los demás propuestos como si fuera una tesis doctoral. En los dos mencionados da igual de donde parta. Lo primordial es si hoy esa poesía pervive, si tiene un asidero existencial más allá de las distintas estrategias, si sirve para nuestra formación. Por otra parte, son dos poemas en los que detrás hay dos personas de sobra conocidas cono son Elena y Lope, lo queramos revestir de otros ropajes. Elijamos del primero los versos:

Cuando traté con engaño

tu verdad Filis ingrata,

¡qué de quejas vi en tu boca,

qué de perlas en tu cara !

—–

Y del segundo poema:

Habló Filis y tuvieron

alma de coral sus labios,

que ver humilde al rendido

hace piadoso al vengado.

Cuando elegimos leer poesía del Fénix si no te entregas, la vives, es que te falta algo esencial a las personas: el sentimiento lleno de entereza. Ahí está el poeta del que han bebido tantas generaciones, incluso los que solo escribieron poesía sacra, porque no olvidemos que nadie le supera; además, no en vano, el Papa Urbano VIII le nombró-sin tener título universitario- doctor en teología. Sabía lo que se hacía. El mejor panegírico para Lope es que lo leamos, lumbrera donde las haya.

 

El chascarrillo “nuevo periodismo”, que no se sostiene

Pensé que el sarampión del “nuevo periodismo” había sido superado; pero no, se prosigue con el chascarrillo insostenible, se mire por donde se mire, con motivo de la muerte de  Tom Wolfe. Lo que hizo fue introducir la literatura en el periodismo, lo que se ha llamado el relato informativo en el que subyacen los elemento fundamentales del hecho narrativo, como el monólogo interior, la descripción, la observación, las coordenadas espacio-temporales.Exactamente lo que hace Talese que siempre estuvo “orgulloso, de contar las historias tal y como fueron sin engrandecerlas”.  Nada nuevo si leemos el mejor periodismo inglés y español del siglo XIX. Hay que desterrar  lo que  se repite machaconamente: Talese, padre del nuevo periodismo junto a Wolfe, aunque para los menos versados solo citen a este último. Esto aburre.

En España tomó cuerpo en los años ochenta. Me viene a la mente el Doctorado en Ciencias de la Información en el despacho del profesor Martínez Albertos; fueron auténticos debates-por cierto, no faltaba nadie y con puntualidad-. Fue uno de los cursos más fructíferos- me refiero del Doctorado porque en la Licenciatura no lo tuve-. Tal vez yo puse más ardor cuando debatimos el rótulo “nuevo periodismo” o el larriano “Ya soy redactor” ya que era Doctor en Filología Hispánica y Catedrático de número de Lengua y Literatura. Sea como fuere me lancé con la máxima: en su nacimiento, el periodismo fue el mundo de la literatura. Por no remontarnos a la antigüedad, los juglares y trovadores transportaban las noticias y la literatura, y aquellas revestidas de lo literario. Los pliegos sueltos era verdaderos textos periodísticos-literarios que fueron pregonados por truhanes y mendigos en las ferias y mercados. Su difusión alcanzó gran importancia, sobre todo entre las gentes del común que no podían comprar libros. No es el momento-ya lo hice- de diferenciar el periodismo de la literatura, aunque en muchos aspectos estén imbricados. El periodismo se arropó de literatura, y esta esanchó su campo con las nuevas formas periodísticas.

Cómo no recordar a Antonia Gala que  en el suplemnto dominical de El País, titulado “En propia mano”; se despachó a gusto cuando arremetió contra el marbete de “nuevo periodismo”: “el denominado nuevo periodismo (que consiste, según sus representantes, en no saber escribir y en salpicar de olor dudoso las cuartillas) y la baja estofa del envase en que se sirven los artículos, de aquí a nada, para leerlos buenos, tendremos que reeditar a tres o cuatro nombres ya póstumos, o a punto”.

Un ejemplo que siempre se ha citado para relacionar el periodismo y las técnicas de la novela realista ha sido el libro Los ejércitos de la noche, publicado en 1969, de N. Mailer en el que interrelaciona historia, reportaje y novela. La protesta por la guerra de Vietnam se convierte en una narración; la marcha hacia el pentágono es verídica, pero antes, este hecho real, el autor sabe adobarlo con germen literario. es lo que se llamó “el nuevo periodismo”, cuando en realidad estábamos ante el periodismo de siempre; un periodismo que se leyera como una novela.Portada de la obra Literatura y Periodismo en el siglo XXI

Ayer, ante las dos páginas de El País, respondí vía twitter que ni Wolfe, ni Talese, ni Capote, ni Mailer inventaron nada. Y además añadía que antes de escribir hay que saber. Muy pronto nos olvidamos de lo que se enseña en las Facultades de Ciencias de la Información: conocer, comprender, confirmar, contar. Las famosas cuatro “c”.

Finalmente,vamos a ver y recordar: el término “nuevo periodismo” (new journalism) apareció por vez primera en el año 1889. Matthew Arnold fue el primero el que lo utilizó en el diario vespertino Pall Mall Gazette, por cierto que acogió a dos literatos de renombre como G.B. Shaw y O. Wilde.

Y como hoy en el diario El País ha saltado la noticia de una nueva obra teatral de los hermanos Machado, recordemos lo que Antonio escribió en La Voz de Soria: “Rehabilitemos la palabra en su valor integral”.