Lo que faltaba por oír

Asombro y tristeza si se lleva a cabo. Sinceramente pensé que esto ya estaba superado. Alguien ha sugerido que se retiren, se apilen, se donen o se metan en cajas libros antiguos de una biblioteca para poner los libros actuales porque no hay sitio; inmediatamente me vino a la mente el famoso artículo de Muñoz Molina donde nos contaba que una concejala de cultura quiso hacer lo mismo en su tierra y el pasaje de Don Quijote de a Mancha.

Ante este disparate, no se pueden aceptar ideas trasnochadas cuando hablamos de biblioteca; esta, claro, como templo espiritual, como arroyo que nos conduzca hacia el pensamiento, y este como fulgor, como llama eterna, que sea salvífica, luz ante tanto despropósito. Ese relámpago cultural lo hallamos en los libros clásicos; no los encerremos, no los destruyamos, que aquí yace la savia, la riqueza humana.

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