Ramon Llull (1232-1316), trovador, al séptimo centenario de su muerte

Ramon Llull (1232-1316), trovador, al séptimo centenario de su muerte
Félix Rebollo Sánchez
Cuenta la leyenda que “el crucificado” se le apareció cinco veces con intervalos de varios días. Quizá como consecuencia de este hecho peregrinó a Santiago de Compostela y a Santa María de Rocamador. A su vuelta a Mallorca se entrega a la ciencia, a penetrar en lo teológico a través del arte. Y así, con esa fórmula escribe Ars compendiosa inueniendi ueritatem, 1274.
Que una persona tenga como eje de su pensamiento el recurso literario-y eso que se consideraba “iliterato”- no deja de ser novedoso hoy; sin embargo, no lo fue hace ya siete siglos cuando lo esgrimió para explicar las verdades cristianas, e incluso a fundamentarlas con los principios filosóficos. Su idea- a través de su Arte- debería ser suficiente para convertir a los infieles, sobre todo, primero, a los más sabios; la discusión sobre dogmas fue una constante. Las verdades teológicas las desarrolló para asombro de los racionalistas; Filosofía y Teología hermanadas como fuente saludable para el conocimiento; la dualidad fe-razón como frontón de pensamientos para llegar a penetrar en la hondura existencial.
El libro mas famoso para el que suscribe estas líneas es El libre de les bestias en el que se describe los sucesos dramáticos que acarrea la elección de rey en el mundo de los animales. La entronización del león provocó una masacre de los hervíberos y luchas entre los carnívoros del entorno del rey. El buey y el caballo deciden ir a buscar venganza y consejo al reino de los hombres porque sus hijos han sido devorados. La fábula acaba con el león matando lentamente al zorro y el reino fugaz de los animales desplomándose. De la obra se puede desprender que Llull escribió una fábula sobre el poder abusivo y su uso incorrecto.
En estos momentos, recuerdo que esta obra se estrenó en Madrid en 1997; al menos, el día 23 de enero-fui con alumnos/as-, los aplausos correspondieron a una gran actuación del grupo Els Comediants. Salieron hasta siete veces al escenario a corresponder al público asistente. El mensaje fue nítido: un ataque directo al poder omnímodo, a través de esa historia despiadada que con tanto esmero supieron representar. A pesar del tiempo transcurrido, la obra sigue en pie; la sociedad no ha avanzado tanto.

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