Ante los 500 años de Santa Teresa (Teresa de Cepeda y Ahumada)

Homenaje a la doctora de la iglesia

 Cada lector/a abriga sus ideas -a veces, opuestas- sobre esta mujer que supo ser persona más allá del género; hoy, por desgracia, no se ha superado; pero, no solo en países donde el género femenino no ha adquirido derechos fundamentales, sino tampoco en los que se ufanan de adquirir la misma igualdad entre un ser humano. Todavía no hemos desterrado el que esto lo ha realizado una mujer o un hombre (“ La novela femenina”,  “solo hay un 1% de mujeres ministras”, “un mundo dominado por hombres”). He ahí el problema; llevamos a cuestas esos latiguillos. En una sociedad en la que prime el derecho, la educación, el que nadie es más que nadie, más allá de sexos, no tendríamos que recurrir a esos términos; no  llamaría la atención   Presidenta de Gobierno, una directora  de  la Academia; pero, tampoco voltear las campanas cuando una mujer adquiera ese rango; se vería como la normalidad, de lo contrario siempre estaremos con la dualidad masculino/femenino.

¿Llegó santa Teresa de Jesús a tener estas ideas?; cada lector/a se responderá y quizá hallemos discrepancia; lo que no se puede hacer es opinar sin conocimiento que es lo que se hace en la mayoría de los casos. Si no has leído su obra lo mejor es que estemos taciturnos y escuchar a los que sí lo hicieron. Tenemos la fea costumbre de opinar sin tener idea de lo que se plantea. La preconcebida ideología nos atropella. He ahí el mal.

Lo ideal sería que este año leyésemos una obra suya para festejar así los 500 años de su nacimiento; un cumpleaños universal; habrá loas, homenajes, tertulias, artículos, etc., e incluso aquellos atrevidos que disertarán de su obra sin leerla.  En mi caso, me he propuesto la relectura de Camino de perfección; en realidad, el título primigenio fue Avisos y consejos que da Teresa de Jesús a las hermanas religiosas e hijas suyas (1570) en el que nos insta a “reparar y proteger el evangelio de Cristo” tan distante como se percibe, hoy, en la sociedad, incluso por aquellos que deberían ser alfareros de ese mensaje. La santa tuvo como aposento la humildad, pobreza, oración, mortificación y, sobre todo las obras-“obras quiere el Señor”, escribió-; la acción como vehículo para llegar a los demás, para servir de contento.

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