Una nueva concepción de la novela sueca. Acercamiento a Asa Larsson

Es el momento de zambullirme en una de las escritoras más sobresalientes de la novela sueca. Hacía tiempo que tenía en la mente dedicar unos días- aprovecho este tiempo vacacional navideño- a la novela de Asa Larsson por un doble motivo; uno, porque cuando se presentó una de sus novelas en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense quedé con un sabor amargo, al ver que quien la presentaba no tenía mucha idea de qué han supuesto sus novelas en Europa; u otra forma más nítida: es patético escuchar a alguien que habla de lo que no sabe. La imagen no es suficiente. Creo recordar que no hubo preguntas por parte del público.Cuando comenté que había perdido el tiempo después de la presentación en un corro que hicimos, a ver qué nos había parecido, lo primero que dije: es agoviante escuchar a alguien que no sabe lo que dice; fue pregunta-respuesta sobre el contenido que lo haría cualquier alumno de bachillerato; inmediatamente, saltó una mujer, pero si esta periodista es famosa-yo no la conocía-; dirije un programa de televisión, dando a conocer como si el aparecer en la televisión es sinónimo de sapiencia; ese es el error. Que toda una Universidad elija a una persona que no se distinque en el campo de la Filología es para echarse a temblar; y encima no se llenó la sala; por otra parte, me consta que cobran los conferenciantes.

El segundo motivo es porque el día 17 de mayo de 2014 estoy inscrito en la M. Maratón de Gotemburgo, y siempre es conveniente llenar las alforjas de conocimiento. La estampa del saber hay que ponerla encima del atril para que esté permanentemente encendida y avivarla por si languidece.

En cuanto a la obra Aurora boreal- “Mira qué aurora boreal tan formidable”- no voy a  discutir los méritos que tiene en cuanto a la estructura novelesca; sin embargo, tal vez sea la traducción, recurre a un lenguaje chabacano, barriobajero. A veces, raya la grosería. E incluso expresiones como “subir conmigo arriba”, el galicismo “horas a facturar”  o el gerundio de posterioridad, en varias ocasiones, “deslizándose hacia un lado”, la repetición hasta la saciedad “comisura de la boca”, “comisura de los labios”, etc. que desdicen. Se tenía que haber evitado en la traducción, o elegir otra forma de expresión más perfecta; los latiguillos son difíciles de aceptar; a veces hay que recurrir al campo semántico, al espíritu de la letra; es lo negativo de la novela, amén de que le sobran algunas páginas por la lentitud en las narraciones.

Inmediatamente nos percatamos de la simbología de la nieve teñida de sangre, de todo lo que rodea a un sitio y un lugar : Kiruna en la eterna noche polar.Son siete días con el rótulo de “Atardeció-Amaneció” . Me sorprendió la expresión-metáfora : “El dolor de la contracción le llega como un alud de nieve que cae por la ladera de una montaña. Es cuestión de seguirlo. Presiona, aprieta y empuja”.

Hay una escena entre Rebecka y Thomas que no está del todo conseguida, pero que el lector ayuda a completarla, que comienza cuando con el diálogo “Y tú eres especial, Rebecka. Créeme, eres especial”. Si bien el lector percibe el deseo mutuo, ella con el fallido intento de desabrocharle un botón de la camisa y él le manosea los pechos por encima, no se entienden esas prisas y no me refiero al hecho de no poder “quitarle las bragas. No hay tiempo. Thomas aparta la tela hacia un lado y se desabrocha el pantalón”, sino cuando ella se baja del escritorio, se arregla la falda, y al ver la espalda de Thomas “que es como una pared, manifiesta: Lo siento. No era mi intención!”. La respuesta es insultante: “márchate”. Pero, por qué siempre la mujer tiene que cargar con lo negativo, si es que fuera negativo. Aquí nos encontramos con una infidelidad de un pastor de una congregación casado y con dos hijas. Solo en el caso de que no hubiera querencia cabe el imperativo. Bueno, ni siquiera así. La reflexión que nos podemos hacer es que ante el sexo y el dinero sucumbimos, hayas hecho votos, promesas, estés casado/a o  estés en un convento. Llama la atención, por otra parte, que según avanzamos en la lectura hallamos contínuamente frases evangélicas, sobre todo de san Lucas y san Mateo, pero también las bíblicas.

Ni estructuralemente ni estilísticamente  esta novela se puede comparar con la trilogía de S. Larsson, de las que ya di cuenta en este “blog-página web” por su perfección desde todos los ángulos literarios.

Mañana comenzaré con Sangre derramada de la misma autora.

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