Pride and prejudice

El año 2013 hemos tenido la posibilidad de homenajear a Jane Austen al cumplirse los 200 años de la publicación de Pride and prejudice. Se publicó el 28 de enero de 1813. Pero primero escribió una versión entre 1796 y 1997 con el título First impressions. Ahora, el Reino Unido lanza al mundo la noticia de que en el año 2017 aparecerá un billete de 10 libras con una Jane juvenil. Bienvenido sea.Lo primordial es si hemos leído la obra literaria más allá de que la gran mayoría de personas la haya visto en cine. Para ahondar en el pensamiento psicológico de los personajes no hay más certero que imbuirse de las palabras, de hasta dónde nos puede llegar y sobre todo formar; solo como entretenimiento la literatura no tendría sentido. El ingenio con que detalla los acontecimientros veteados de humorismo nos conduce al conocimiento de la naturaleza humana.

Si hay una palabra capital en las relaciones humanas, esta es convencionalismo en ese mundo típicamente burgués; eso sí, cuando llega la estación de primavera todo florece como sinónimo de vida, de un alborear incrustado en las personas, aunque cortado por las costumbres que son las que restan ese fluir de un pensamiento libre; no son dudas, son aspectos que no permiten que se desarrolle lo esencial de la mente humana.

Ahora que es tiempo vacacional  para los  “Reyes”- aunque sean comerciales, y por tanto, lejos del espíritu cristiano-,  pediré A room of One´s Own    de  Virginia Woolf que va más allá de que una persona tenga una habitacion para pensar, para escribir. Es que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre, que quiere hacer suyo ese espacio en el que los hombres no tengan que ser tutores; en definitiva independencia económica y personal; es triste que en el siglo XXI aún haya millones de mujeres  que no tienen derecho a decidir en los mismos ámbitos que los hombres; en estos momentos me viene a la memoria Montserrat Roig, su obra La hora violeta me supuso un aldabonazo que he hecho extensible. Mientras una mujer no sea libre como los hombres, no podemos ser libres el resto. Sí, así de claro. Hay que presionar, convencer y educar a esos otros hombres que todavía creen en la cosificación de la mujer, como un cortijo. Jane Austen, aunque vivió como una previlegiada-no le faltó techo, comida y educación-, se dio cuenta de ese aserto: “una habitación propia”. La única forma de recordarla es leer tantas veces como sea necesaria su obra.

Portada de Pride and prejudice

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