Relectura veraniega de Cumbres borrascosas

No sé, realmente , si la obra de Emily Brontë en España se lee, incluido el ámbito universitario. Por favor, aparquen lo cinéfilo y vayamos a lo nutriente, al conocimiento, a las relaciones humanas, al amor apasionado-¿es que existe otro?- Si nos desamoramos es que no lo estuvimos. Evidentemente, las complejidades nos avasallan y no existe solo una entrada. Desechemos lo de sentimiento irracional. ¿Cómo se puede tildar irracional algo que es una cualidad del ser humano, una virtud? ¿Cabe más intolerancia? Por cierto, una de las ideas clave es la toleranccia, el respeto que nos debemos.

Si Emily es tan grande, es porque deja al lector/a  que se decante, que haga suya la obra, sea su artífice. La tríada texto literario-autor-lector se aúnan, se ensartan; de otra forma, no se permite ni siquiera otear la grandeza de la obra literaria. El cuento-¿de qué va?- no se sostiene, esto es propio de los tullidos. La prosa con que Emily B. reviste lo narrativo recuerda su poesía, un tanto olvidada pero que es la savia de su novela.

Aunque el tema emerge en el Romanticismo, sin embargo, Emily quiere llevarlo a lo existencial, a lo individual. Es decir, el amor concebido como más fuerte que la muerte, o el amor más allá de la muerte, reservado a unos pocos, que los alicortos no pueden ver porque tienen un sentimiento limitado. La crítica, por tanto, a este aserto, es porque la naturaleza ha sido pródiga con algunos, y otros aleteamos de aquí para allá sin que recibamos ese néctar. En el capítulo XI hay una pregunta sobrecogedora cuando Edgar le dice:¿Vas a prescindir de Heathcliff en adelante, o vas a prescindir de mí? Es imposible para ti ser al mismo tiempo su amiga y mi amiga, tengo que saber necesariamente a quién escoges”.

He ahí un pensamiento nítido que tal vez algunos por interés ocultan y no quieren verlo. La disyuntiva es prístina: el matrimonio o la amistad con Heathcliff. Es la convivencia existencial que nos hace humanos.

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De vuelta

De vuelta de unos días placenteros en el Mediterránero en la histórica Peñíscola-vigía del mar- en donde murió a los 95 años el papa Luna, me enfrasco en relecturas de Don Quijote de la Mancha, Cumbres borrascosas y Of mice and  men de  J. Steinbeck. Esta última para ir recordando mi inglés adormecido o en palimpsesto

La novelista y poeta, Emily Brönte, bien lo saben los que me leen, siempre está presente, quizá más por su poesía que por la novela que tanta fama tiene. El recuerdo de la inmortal novela de Miguel de Cervantes ocupa un lugar privilegiado; es la vivencia suma, el cielo y la tierra , el cuerpo y el alma juntos; lo material y espiritual. De Steinbeck aunque me sumergí hace muchos años en su The grapes of the Wrath- su estandarte como escritor-, he elegido sin un motivo especial en esta ocasión la novela que también fue representada en Madrid, en la que fui testigo con un grupo de alumnos como parte práctica de mi docencia hace dos años.

Del Programa del Teatro Español

Teatro Español

Para escribir su obra, Steinbeck se valió de las dos últimas estrofas del poema de Robert Burns, que  escribió en noviembre de 1785, titulado: A un ratón al deshacerle el nido con un arado en el que un campesino se dirige desolado al pequeño roedor al que acaba de destruir el hogar:

Uno más eres de los desdichados

que ven todos sus planes anulados:
de ratones y hombres quedan truncados,
los proyectos mejores,
¡y en vez de los éxitos anhelados,
nos quedan sinsabores!
Mas ¡bien estás comparado conmigo!
Es el presente tu único enemigo:
pero ¡ay! ¡yo miro hacia atrás y veo, amigo,
un sombrío camino!
Y, si miro adelante a oscuras sigo,
porque miedo me da cuanto adivino

Días de asueto en Peñíscola

Al alba, el vientecillo que acompaña en el paseo marítimo de Peñíscola (Avenida del papa Luna) mientras unos pasean y otros se esfuerzan en correr-tal vez como preparación de alguna carrera popular- contribuye a amansar las temperaturas extremas que este verano se han dado cita, incluso, en la costa mediterránea. El mar calmo se alía a la placidez con que lo miramos para atraernos la lejanía que se confunde.

Días dichosos sin que te golpeen las vicisitudes consuetudinarias con que nos topamos en los días de trabajo. No es una estampa para la eternidad sino la necesidad humana después del esfuerzo. Cuerpo y espíritu, al uníseno, amplían otras formas de vivencia que nos activan. Es la alegría, la dicha, el sosiego. El sentirse paradisíaco. Me viene a la memoria el verso final del famoso soneto de Blanco White, “If light can thus deceive, wherefore nor life?” que leí hace muchos años, pero que todavía pervive por la magistral relación que realiza entre la Night and Death, que así se titula el soneto dedicado a S. T. Coleridge. En el verso citado nos recuerda cómo la luz es maestra, nos  guía; pero la vida lo amplía todo. La dualidad luz-vida como símbolo del conocimiento, como instante que debemos aprovechar; ser nosotros porque el mañana no está escrito. La expresión “Weak man” con que comienza el verso anterior es un reflejo de la debilidad humana ante la existencia.

Capilla del Castillo de Peñíscola

Capilla del Castillo de Peñíscola

Muralla del Castillo dePeñíccola
Muralla del Castillo de P.

Relajación en Peñíscola

Una semana a la orilla del Mediterráneo te hace más feliz con tanta luz y siempre el mar a la vista; es otro mundo, otra forma de ser tú, de amar la vida, de henchirte de naturaleza viviente, de entrega total. Comprendes el por qué de “la mar” y no “el mar”. Recordemos los versos albertianos “El mar. La mar, / el mar. ¡Solo la mar! / Por qué me trajiste, padre, / a la ciudad“. Es el olvido de lo cerrado, de lo cuadrado, de lo convencional, de lo que te anonada, te lo que te absorbe, de lo que te aturulla, de lo amorfo, de no saber entender el cáliz de la dicha. El aire, el azul del mar, te hacen más amoroso, más comunicativo; te recuerda que el tiempo hay que apresarlo, que estás aquí para pasarlo bien; es una terapia para huir de la alabanza y de la calumnia, tal y como el poeta ruso plasmó: “Recibe con indiferencia el loor y la calumnia / y no discutas con el necio”.

El bautismo vacacional es una necesidad; una virtud para el cuerpo y el alma. El intelecto recupera otras alforjas que están esperando para que las abras, las llenes, las purifiques. Entre mañanas luminosas y la brisa del mar, por el paseo marítimo, al alba, entreno para la Maratón de Donostia. Me llena de alegría el ver a otros/as que corretean, que al pasar nos saludamos con una sonrisa. Es la felicidad, el preludio de un quehacer; es la forma para un acontecimiento que avecina sin saber cuál.

Al lado de la estatua del papa Luna en Peñíscola, agosto 2013

Al lado de la estatua del papa Luna en Peñíscola, agosto 2013