¿Por qué nos resistimos al cambio en la docencia universitaria?

     

 Vaya por delante que este profesor es partidario de la adaptación al Espacio Europeo de Educación  Superior porque entiende que si hace bien saldremos mejor preparados, comprenderemos mejor otros saberes, otros conocimientos más allá de ” lo mío, lo nuestro”, del cerco en que podemos estar, y, sobre todo, para que el profesor deje los dictados  para la E. S. O. y se implique más en la docencia, y para que ésta se lleve a cabo debe investigar. El protagonista es el alumno/a, no el profesor, o por lo menos éste menos que aquél. Sin olvidarnos de la movilidad dentro de Europa. Es decir, los programas de las materias deben servir para otros/as alumnos italianos, suecos, portugueses, ingleses, etc., por lo que un alumno/a de cualquier país europeo puede venir a clase y alimentarse de otra metodología, pero que pueda aprobar aquí la asignatura sin que tenga que hacer otra prueba en su país de origen.

Ahora bien, ¿está preparada la Universidad española para el Espacio Europeo? La respuesta requiere matices, pero nunca quedarnos en el furgón de cola y menos pasivos. Hay que cambiar, debemos contribuir para que todo salga lo mejor posible, hay que colaborar, y esto exige trabajo y libertad. Hay que huir de la continua queja, muy propio de los que no tienen nada que aportar.

Estoy de acuerdo en que “la calidad es un hábito” siguiendo el criterio de Aristóteles en su Poética, pero la Universidad no sólo tiene que aportar valores “de forma equilibrada y sostenible” como se nos ha dicho; es algo más, es pensamiento, es el desarrollo del intelecto, de ahí la importancia de las bibliotecas, de los libros. La mejor universidad es la biblioteca, por lo que rechacemos los dictados de apuntes de los profesores/as; si tiene que hacerlo porque es una eminencia o no se puede leer en los libros “cuélguelos usted en el campus virtual”, que para eso está, y explíquelos; pero, por favor, no nos aburra con los dictados, que eso quizá lo encuentre en “Internet”, que no sirven para nada, si acaso para pasar “las vallas” de cada curso. Esto, si que es deformación.

A renglón seguido también la adaptación requiere menos alumnos por clase y las herramientas propias de cada materia. Realmente, la palabra “calidad” ¿puede darse? ¿Se puede hablar de las dimensiones de la calidad (actuación, percepción, estética, fiabilidad, utilidad, durabilidad, conformidad), o de la calidad de los servicios (comprensión, comunicación, seguridad, cortesía, credibilidad, elementos tangibles, capacidad de respuesta, accesibilidad, profesionalidad, elementos tangibles)? Como positivo a lo dicho,  si el aula dispone de  un ordenador desde el que se puede acceder al “campus virtual”, proyectar, poner un texto para comentarlo, una imagen, una fórmula, etc., todo esto facilita la compresión cuando el profesor explica, comenta, etc.

Si lo que se pretende es la excelencia, debemos cambiar todos/as (como posibilidad de mejorar); la resistencia al cambio no cabe en un intelectual, sin olvidarnos de las herramientas que debe proporcionar la Universidad; sin ellas, por mucho empeño que se ponga aquélla siempre será alicorta, o simplemente nula. No olvidemos la idea orteguiana: “yo soy yo y mis circunstancias”. Hay un dato que se olvida, también, y es “escuchar a los/as alumnos”. No sé si se hace; pero, es imprescindible en la Universidad.

           

Un pensamiento en “¿Por qué nos resistimos al cambio en la docencia universitaria?

  1. ¡Hola Félix! Vuelvo a las andadas después de un verano de días ligeros y tranquilos. La ciudad va recobrándose poco a poco de su letargo estival, y yo con ella. Así que aquí estoy.

    Personalmente, no sólo la docencia universitaria se resiste al cambio. Quizás también sea, este cambio, una necesidad poco arraigada en los institutos porque el tipo de público al que se dirige es más ”pequeño” y está menos ramificado por especialidades – o podríamos decir que no ha encontrado aún ”su camino propio”-. Aun así, el cambio viene desde una base que hay que hacer llegar primero a los colegios e institutos, dando prioridad a las aptitudes personales del alumno y a su creatividad, sin dejar de lado al importante rol que cubre el profesor en esta tarea: romper moldes con letras e ideas y adaptarse más a la clase a nivel grupal e intelectual y no meramente al temario a dar.

    Al igual que tú echo en falta la falta de esmero en abrir fronteras. ¿Qué aprendemos en los institutos de literatura rumana u oriental -por poner ejemplos- o de la historia de Etiopía? Nada, más allá de unas pocos epígrafes que están relacionados con nuestra cultura y nuestro país. ¿O acaso es porque no se cree que no se puede por los alumnos y por la educación que han recibido, y por eso sólo se dejan caer dictados monótonos y lineales? Es una cuestión que da para reflexionar.

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