Chamizo: dramaturgo

Con el  mismo espíritu que a la poesía, Chamizo se acercó al teatro. Drama y poesía se aúnan. Es más, es difícil, como ya atisbaron los clásicos, ser un buen dramaturgo si no se tiene la vena poética. El género teatral estaba en boga en su tiempo y Chamizo no dudó en sumarse. Probablemente los dramaturgos Álvarez Quintero, Villaespesa, Marquina, Arniches, Pérez Galdós, Valle-Inclán, García Lorca, Benavente, etc. le influyeron como base estructural para conformar la pieza teatral Las Brujas, pero sin que tengamos testimonio de ello.

Pedro Salinas  tenía un concepto singular a la hora de valorar el teatro dramático. Para el poeta-dramaturgo “la poesía dramática es la más visible forma de las transfiguraciones que opera siempre en la lengua de los hombres”[1]. Pero esta afirmación no tendría sentido si no se escenifica y se hace vida, por eso consideraba el teatro si llegaba a las tablas como auténtico: “el teatro sólo lo es de verdad, en plenitud, cuando cobra vida en las tablas de un escenario”[2]. Chamizo y Pedro Salinas tienen como baluartes dramáticos el diálogo y la acción; aspectos que defenderá también Antonio Machado, como esenciales en toda dramaturgia.

Pilar Moraleda en un estudio de Pedro Salinas se hacía la siguiente pregunta: “¿Teatro de poeta? Sí; pero teatro ineludible de nuestra literatura dramática, e ineludible también en ese diálogo creador que es la obra total de Pedro Salinas”[3]. En Chamizo, al igual que en el poeta-dramaturgo de la Generación del 27, la relación entre poesía y teatro es nítida. Incluso la intervención de fuerzas “sobrenaturales”, en ambos, intervienen para resolver la situación.

Para Miguel de Unamuno, “teatro poético será el que cree caracteres, ponga en pie almas agitadas por las pasiones eternas y nos la meta al alma, purificándonosla, sin necesidad de ayuda, sino la precisa, de las artes auxiliares”[4]. Chamizo describió un  drama universal dentro de lo que se ha considerado “drama rural en verso”. Su poema dramático no es más que el reflejo de unos hechos que se desarrollan en la sociedad, y el dramaturgo los eleva a la categoría literaria. Luego vendrá el “pateo” o el aplauso del público. La obra de nuestro poeta-dramaturgo, si hacemos caso a las crónicas periodísticas de 1930, el éxito coronó la obra, “acaso el más brillante de la actual temporada”[5].

Chamizo supo asimilar lo que el público quería, sin olvidar la característica primordial del teatro español, como fue la variedad de temas humanos, vivos, realistas, auténticos. Ahí es donde Chamizo quiso llegar, no sólo con una realidad viviente sino también recogiendo incluso el sonido de las palabras de las gentes de la calle y transcribirlas; y gracias al poeta-dramaturgo conservamos  lo que se ha llamado “dialecto extremeño”. Chamizo hizo suyo los temas de su entorno al llevarlos a las tablas; transcurrido el tiempo, observamos que la obra en sí es extensible a toda España si la desnudamos de la veta dialectal, ya que el tema, incluso, se le puede considerar como universal, con todo los “peros” que queramos; el problema rodea la existencia humana.

Si Eduardo Marquina, al principio, intentó que el teatro fuera por la senda legendaria o histórica, pronto se dio cuenta de que este teatro en la década de los años veinte del siglo XX, no tenía cabida porque cortaba la invención poética; por eso construye su mejor obra La ermita, la fuente y el río. Eduardo Marquina reconoció que en el teatro que se representaba se olvidó “tal vez, la ferocísima variedad de temas humanos, vivos, realistas, fabulosos o auténticos de nuestro teatro clásico o barroco”[6]. Podíamos decir que la obra más importante del dramaturgo, escrita en el año 1927, se asemeja, en parte, a la obra de Luis Chamizo. En las dos obras sobresale el amor como tema central, en un ambiente rural, y lo que es más importante se dio cuenta de lo innecesario de la dramaturgia de su tiempo, derribó esos tabiques que lo encorsetaban, que lo alejaban del público.

 El crítico Ruiz Ramón, al referirse al teatro de Eduardo Marquina, ha señalado que el ciclo de sus dramas poéticos-rústicos constituye el más auténtico y valioso teatro de muestro dramaturgo, y un jalón necesario, y no gratuito ni carente de sentido, en la historia del teatro poético español del siglo XX”[7]. Podíamos convenir que Eduardo Marquina fue más dramaturgo que poeta, al contrario de lo que le sucede a Chamizo, pero sin desmerecer el único drama que escribió: Las Brujas. Es más, en una historia del teatro, al menos, hay que mencionarla, no sólo por la forma sino también por el tema que en concreto aborda, que a las puertas del siglo XXI sigue sin resolverse.

El premio Nobel de Literatura, Jacinto Benavente, admiró a Chamizo. De todos es conocido el homenaje que se le tributó en Madrid, que fue encabezado por Benavente. De su magna obra-172- tiene tres dramas  de  ambiente rural: Señora Ama (1908), La Malquerida (1913) y la Infanzona (1945); por tanto el espacio dramático se puede considerar como semejante a la obra de Chamizo, pero sobresale un hecho capital: Benavente describe el campo como algo convencional por medio del lenguaje de los personajes; sin embargo, Chamizo no. El dramaturgo extremeño inserta al personaje en el espacio y ambiente, lo hace que lo viva, es una realidad cercana. Hay un dato en el que coinciden: en  presentar la moral provinciana como un junco, que se inclina según el viento; es decir, según las conveniencias del momento. Jacinto Benavente, en opinión de Francisco Ruiz Ramón, crea “una acción dramática y unos caracteres conflictivamente enfrentados”[8].

Los Hermanos Álvarez Quintero y Carlos Arniches tiene un nombre y nadie puede discutirlos, pero el crítico y profesor Ángel Berenguer, al referirse a los Hermanos Álvarez Quintero escribe que no es “una idealización de Andalucía, sino una manipulación descarada de cuanto de profundo y trágico hay en el pueblo andaluz”[9]. Del teatro de Carlos Arniches piensa que es “una manipulación ideológica”[10]. Lo que hace Carlos Arniches con el habla de los madrileños es deformarla; el pueblo nunca habló así. Chamizo, por el contrario, recoge el habla del pueblo y la transcribe. Y tampoco magnifica  o manipula, como hacen los Hermanos Álvarez Quintero, sino que hace suyo el entorno: el paisaje, el habla y sus   gentes tal y como los ve. Su Extremadura la llevaba muy dentro; y si Carlos Arniches, al retratar los barrios de Madrid, quería describir la marginación de algunas capas de la sociedad matritense y exigía justicia, al igual que Benito Pérez Galdós, Chamizo también se puso al lado de los más débiles, de los desposeídos.

La obra de Chamizo tuvo una gran acogida en la Prensa desde el primer momento. Ya he hecho referencia al director del periódico Hoy de Madrid[11]. Unos días después se hizo eco el ABC de Madrid en la sección “Noticias de libros y revistas”; en el mismo periódico Ortega y Munilla escribió el artículo “Rasgos de España. El tinajero poeta”. La revista Nuevo Mundo, en la sección “Literatura y Sociedad”, con fotografía incluida, se reseña la aparición de El miajón de los castúos. El Correo de la Mañana y El Noticiero extremeño, ambos de Badajoz, informaron de los diversos banquetes y lecturas de poemas con que agasajaron a Chamizo por la publicación de su libro en diversos pueblos  extremeños.

El estreno de la obra dramática Las Brujas,  tuvo, incluso, mayor resonancia en la prensa que su primer libro poético. Así La Unión de Sevilla recogió el entusiasmo de la obra, que se estrenó el 25 de enero de 1930. El cronista resalta al autor  “de fina calidad literaria y de honda inspiración”. Además de narrarnos, que ante la insistencia del público tuvo que salir al escenario para agradecer el fervor con que fue acogida su obra. Como agradecimiento, declamó la “La Nacencia”, poema, como sabemos, capital  de su libro El miajón de los castúos. En el periódico El Liberal de Sevilla con letra destacada informa del éxito de la obra teatral. Unos días después, en este mismo periódico, informó de un almuerzo en honor del dramaturgo en el hotel Cristina de la capital andaluza. También en El Liberal de Sevilla con el título “Al preclaro poeta Luis Chamizo”, Tirso Camacho le dedicó un soneto: Las Brujas son la creación vibrante / que ataca a un falso honor que al vulgo adueña; / cuadro de la viril tierra extremeña, / lleno de luz y vida palpitante. /     Muestra un bizarro corazón gigante / que  sucumbe en la audaz guerra rifeña / mas por contraste necesario, enseña / de “La Veora” el fondo denigrante. / En escenas de magia exaltadora, / la Andrea que porfía y llora / con aureola maternal dibujas…/ El quinto mandamiento no está en vano: / qué vulgo en su ignorancia aprenda humano / la divina enseñanza de Las Brujas[12].

 En La Libertad de Badajoz, el 28 de enero de 1930, en crónica desde Sevilla, define el estreno como clamoroso; así lo refleja el crítico Julio Estefanía Arjona, en la que destacó la sencillez y la emoción de la obra. Los estrenos en Jerez de los Caballeros, 6 de septiembre de 1930, y en Llerena, el 2 de octubre de 1930, según La Libertad de Badajoz constituyeron el asombro de los espectadores, la obra-según el cronista- es sencillamente “para llenar siglos y pasar fronteras” (…). Extremadura se hace nervio y se hace rima bajo la inspiración del poeta”.

El estreno en Madrid constituyó un éxito, todavía más, si cabe, de público como de crítica.  Así lo reseña el diario Informaciones el día 11 de octubre de 1930 y siguientes. Este día el crítico José de la Cueva, en su crónica, nos decía que estábamos ante algo nuevo, emocionante: “con su obra nos venía desde el escenario del teatro Avenida una ráfaga de aire puro, de ambiente sano, que oreaba los pulmones”.  En el Imparcial de Madrid, Luis París, también el 11 de octubre se hizo eco del estreno, en el que resaltó que el dramaturgo salió “al proscenio varias veces durante la representación interrumpida por clamoroso aplauso”. En el ABC de Madrid, 11 de octubre, se resalta “el verso limpio y sonoro” de la obra. José Alsina en La Nación alaba que el dramaturgo se aparte de los tópicos del drama rural. En La Voz de Madrid, A. Cacho y Zabalza resalta la fuerza interior del  dramaturgo al componer su obra. Díez Canedo en el diario El Sol  alude al teatro regional como vertebrador de las costumbres de los extremeños. Arturo Mori escribe en El Liberal que quizá el drama haya sido “el más brillante de la actual temporada”. En La Libertad, Manuel Machado destaca el dolor y el amor que subyace en la obra.

Omito otras opiniones en otros periódicos.  Solo resalto por lo novedoso el periódico El Noticiero (Diario de Cáceres). El 29 de noviembre, con motivo del éxito de Las Brujas, informó de que el Ateneo de esta Ciudad quiso homenajear a quien ya “es gloria de Extremadura”. Rótulos de publicidad parecieron en el periódico nombrado como: “La tierra extremeña, fecunda en grandes poetas, nos brinda el lunes la admiración de Luis Chamizo viendo Las Brujas”. “Haga patria chica admirando la obra cumbre de la temporada: Las Brujas”.O este otro: “Chamizo en Cáceres. (…). El estreno, como jamás se había visto en Cáceres, fue apoteósico”.

 La acogida de la prensa a la obra de Chamizo hay que valorarla en su justa medida, más allá de los dimes que puedan surgir; pero, a nosotros, primero, nos toca leerla y, después, a ser posible ventearla, recitarla o, simplemente, dejar constancia de su lectura.


[1] Salinas, P., Ensayos completos. Madrid, Taurus, 1983, pág. 453

[2] Moraleda, P., “Introducción”, en Teatro completo de Pedro Salinas. Sevilla, Alfar, pág. 11

[3] Ibídem, pág. 11

[4] Unamuno, Miguel de, Obras completas. V. Teatro completo y monodiálogos. Madrid, Escélicer, 1968, pág. 303

[5] En el periódico El Liberal, 11 de octubre de 1930. Crónica referida al estreno en Madrid en el teatro Avenida, que se produjo el 10 de octubre de 1930.

[6] Marquina, E., Obras completas. Madrid, Aguilar, III, 1968, pág. 1351

[7] Ruiz Ramón, F., Historia del teatro español. Siglo XX. Madrid, Cátedra, 1975, pág. 68

[8] Ibídem, pág. 145

[9] Berenguer, Á., “El  teatro hasta 1936” en Historia de la literatura española. Madrid, Taurus, 1988, pág. 321

[10] Ibídem, pág. 220

[11] Una de las expresiones que más me llama la atención es: “ni clásicos ni modernos le igualan en intensidad emocional”. Yo no sé si se exagera, pero lo de intensidad emocional es algo que se percibe, aún para los que no leamos mucha poesía.

[12] Manuel Monterrey le dedicó otro soneto en el periódico Hoy de Badajoz, el 11 de enero de 1946, con el título “Al cantor del campo extremeño, Luis Chamizo”

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