“Cantad, cantad, una copla del Arcipreste”

Así terminaba la representación en el Ateneo de Madrid el domingo día 15 de abril a las 21.20 minutos en el salón de actos abarrotado. Cantemos, pues, a una de las más grandes lumbreras de la literratura universal, que con verbo florido el dramaturgo Martín Recuerda nos recreó, en el año 1965, en una España mortecina, agazapada, pero brillante literariamente en la que se dieron a conocer una de las generaciones dramáticas difíciles de superar.

Pero, este canto, también, va dirigido a esos/as cientos de alumnos, de teatro y de literatura, que los días 14 y 15 de abril se acercaron al Ateneo de Madrid para después mandar al campus virtual la crónica teatral, que en estos momentos estoy corrigiendo. He ahí una práctica en la que solo el alumno delante del ordenador intenta, en un folio, con un estilo brillante, umbraliano, azoriniano, certero- que ya quisieran algunos periodistas que escriben en los “medios” y, cómo no, también algunos docentes universitarios tener- dar cuenta de lo que se representó en un salón de actos lleno de tanta historia literaria. Mi más sincera enhorabuena.

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