De la narrativa romántica al realismo europeo

El término romántico abarca tanto a un movimiento literario y artístico como a un determinado estado de espíritu, así como una singular visión del mundo ante una desigual crisis de la cultura occidental europea. La importancia del Romanticismo en la historia de la cultura es trascendente ya que su repercusión se extendió a la moral, a las costumbres, a las ciencias, al pensamiento, a las artes y a la religión; se convirtió, por tanto, en la llave de la cultura contemporánea.
En el período romántico algunos escritores realizan una profunda renovación de la novela. Esto nos conducirá durante largo tiempo a situarnos en la primera fila de la producción literaria. Así, el siglo XIX será considerado como el período áureo de la novela y no sólo por la cantidad que aparecieron. Por ejemplo, el realismo sicológico, aspecto clave en la novela posromántica, fue un hecho importante para el desarrollo de las dos tendencias con que es definida la novela del siglo XIX: el realismonaturalismo.


Para llegar a esta situación en el período romántico se escriben novelas de diversas clases: de crítica social, cuyo ejemplo más característico lo hallamos en VÍCTOR HUGO con Los miserables; sicológica, cuyo prototipo podía ser el francés BENJAMÍN CONSTANT con Adolphe; novela histórica, la aportación más importante creada por el escocés WALTER SCOTT con Ivanhoe  o Rob Roy; también en este apartado destacaron ALEJANDRO DUMAS con Los tres mosqueteros o VÍCTOR HUGO con Notre Dame de París.
No podemos olvidar tampoco la importancia del cuento como medio para dar cauce a la atracción por lo misterioso, y también para dar salida a las tradiciones y a las costumbres populares. Cuentos famosos en este período romántico fueron los del danés HANS CHRISTIAN ANDERSEN, los de EDGAR ALLAN POE o los hermanos GRIMM en Alemania.
    Los novelistas realistas asumen el cambio que se está produciendo en la sociedad en la que predomina la hegemonía burguesa, lo científico, el capitalismo y la revolución industrial. Lukács manifestó que la novela realista “fue la épica de un mundo abandonado por Dios”. Parece como si la libertad y la ética no fueran presentables en una sociedad abstraída por el dinero a cualquier precio. “Poner un final feliz en una novela -sostienen Martín de Riquer y José María Valverde- significa que el escritor ha claudicado ante la presión de los poderes sociales y del mercado”.

    Todo esto nos conducirá a problemas específicos dentro de la sociedad, y será la literatura realista su modo de expresión más llamativo, y más concretamente la novela. La evolución de ésta fue asombrosa. Los resortes interiores ocuparon un lugar destacado. La sicología de los personajes de la novela nos lleva a investigar a las personas, a averiguar sus impulsos. De ahí que la época realista tratara de acercar la literatura a la vida, a los problemas acuciantes de las gentes sencillas, lejos del personaje singular o héroe como pretendía el romanticismo.
El realismo desechó los excesos del retoricismo romántico y buscó una precisión expresiva más acorde con el lenguaje hablado. Por consiguiente, el realismo, en un principio, surge por evolución del romanticismo; es la sociedad cambiante la que insta a los escritores a percibir otros elementos. Esta sociedad requiere una visión objetiva que nos lleve a captar la realidad -la reproducción exacta-, lo más fiel posible. Lo cual no quiere decir que haya una ruptura con el romanticismo; la prueba es que aprovecha de éste el interés por lo costumbrista, por lo regional o local y por la naturaleza; pero lógicamente, arremete contra lo fantástico, lo maravilloso, lo imaginativo y la explosión sentimental. En fin, el novelista realista tiene una actitud crítica ante la sociedad, que le permite, a la vez, distanciarse de lo que narra.
    La imbricación entre Novela y Sociedad nos lleva a un nuevo escritor, pero también a un nuevo lector. El escritor está condicionado por la empresa periodística y, por ende, por el público; el gusto del lector es un apoyo que el escritor no debe abandonar, porque la empresa siempre tendrá como meta que la obra literaria se extienda; y en este sentido si lo que se pretende es reflejar la vida real, el género literario que mejor se acerca a ella es la novela. Stendhal la definió como “un espejo que se pasea a lo largo de un camino“.
La literatura, en general, ha influido, influye e influirá en la sociedad, y no solamente la literatura social; es más, en muchos momentos de la historia ha sido decisiva. La literatura sólo por el placer de leer no tiene sentido. La literatura es un documento social; pensemos por ejemplo en el teatro Lope de Vega, imprescindible para conocer la sociedad del siglo XVII; o la novela de Pérez Galdós si queremos conocer la sociedad burguesa española del siglo XIX.

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