Ensueño

Tantos años sumergidos en la dicha

no pueden pasar a la noche oscura.

No hubo secretos. Fui un libro

en el que escribí no sólo palabras.

Mezcla de  seres vivos,

empeñaron sabia, enriquecimiento.

Ante tantas palabras verdaderas,

abro los libros,

y todo es recuerdo cercano.

No hubo secretos.

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Monseñor Blázquez

Enhorabuena Monseñor Blázquez por el arrojo que tuvo en denunciar aquellos hechos que deben sonrojar a los cristianos, como es el que una persona no cristiana lea el pregón santo en la ciudad de Valladolid, y encima en la catedral.

¡Cuantas veces nos enseñaron: “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, o aquella otra que viene como anillo al dedo, “mi reino no es de este mundo“! Hasta aquí ha estado en su lugar. Ahora bien, le queda lo más difícil: no ir o cerrar el templo. Sea valiente, Jesús lo haría; estoy completamente seguro. Tal vez muchas personas vuelvan al carril si su señoría lleva a la práctica su pensamiento; es una forma de evangelizar.

 Por cierto, los oyentes de la S.E.R. estamos esperando que el Presidente de la Conferencia Episcopal se digne alguna vez visitarla; me consta que la invitación siempre la tiene abierta para cuando quiera. Hace algún tiempo estuve esperando con la radio puesta, ya que se anunció que Monseñor Rouco había prometido ir; después, la frustración fue total. Fíjese qué oportunidad para “evangelizar” a más de cuatro millones de personas que conectan con esta radio. Pues, nada; estamos a la espera.

También mis felicitaciones, Monseñor, por su paso por la diócesis de Bilbao, por su ejemplo, sabiduría y humildad con que ejerció su ministerio, a pesar de ese político vasco, por cierto, ex sacerdote, que se refirió a usted con la expresión desdeñosa “un tal Bázquez”, en vez de estar agradecido.

De la narrativa romántica al realismo europeo

El término romántico abarca tanto a un movimiento literario y artístico como a un determinado estado de espíritu, así como una singular visión del mundo ante una desigual crisis de la cultura occidental europea. La importancia del Romanticismo en la historia de la cultura es trascendente ya que su repercusión se extendió a la moral, a las costumbres, a las ciencias, al pensamiento, a las artes y a la religión; se convirtió, por tanto, en la llave de la cultura contemporánea.
En el período romántico algunos escritores realizan una profunda renovación de la novela. Esto nos conducirá durante largo tiempo a situarnos en la primera fila de la producción literaria. Así, el siglo XIX será considerado como el período áureo de la novela y no sólo por la cantidad que aparecieron. Por ejemplo, el realismo sicológico, aspecto clave en la novela posromántica, fue un hecho importante para el desarrollo de las dos tendencias con que es definida la novela del siglo XIX: el realismonaturalismo.

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En la “Docta Casa”

Ayer se presentó mi libro  Literatura y Periodismo en el siglo XXI en la “Docta Casa” (para Galdós “Templo espiritual“) . El acto fue presidido por Miguel Pastrana, representante de la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid, y presentado por el Dr. Fernández Delgado, que duró dos horas.

Sala de conferencias de la presentación  del libro

            Aparte de los agradecimientos, brevemente, desgrané algunas ideas; entre otras manifesté cómo la literatura me sirve de refugio, como huella, como meditación, como casa de misericordia, para sacar jugo de la existencia, para que las sombras se conviertan en primavera, única forma de ser feliz, de apostar por la vida. El jardín que día a día cultivamos debe tener como asidero la ensoñación, la utopía. He intentado que el arroyo literario pueda con todas las malezas que, a veces, quieren dificultar la limpidez del agua.

            La mayor parte de mi investigación está dedicada  a la dicotomía Literatura-Periodismo; he puesto todo el empeño para demostrar que en su nacimiento, el periodismo fue el mundo de la literatura. Primero, oral con los juglares que fueron los que pregonaron las noticias con su voz, memoria y donaire. Queramos o no, el embrión de la prensa literaria podemos cifrarla en los pliegos sueltos-cuadernillos de dos, tres o cuatro hojas- que servían para informar, aunque un siglo antes aparecieron “hojas volanderas”. En esta andadura Lemmard Davies ha escrito que la novela inglesa de los siglos XVI y XVII se asemejan a lo que consideramos los orígenes del periodismo. Sin olvidarnos de Andrés de Almansa cuando relata el viaje que hace Felipe IV por Andalucía; se puede considerar como prensa revestida de lo literario, aunque elija la forma epistolar. Quevedo sin saberlo estaba haciendo periodismo con un estilo conciso, improvisado. Era, como Umbral lo definió “periodismo de mano en mano”.

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El comentario de texto como objeto de reflexión

La teoría literaria, el estructuralismo, a partir de las premisas del formalismo ruso y del Círculo de Praga, propició la ruptura con la enseñanza de la historia literaria. El Congreso de Cérisy-La Salle de 1969, dirigido por Todorov y Doubronski, constituyó un punto de referencia en el proceso que llevó a la creación del modelo didáctico centrado en la explotación interpretativa del texto. En los países, por ejemplo, anglosajones, se obviaba lo que entendemos por manual histórico, se situaban más en la escuela pragmática, expresión del “New Critiscism” y de la crítica objetiva en el campo de la pedagogía, volcada, primordialmente, al “reading”. El aprendizaje volcado, sobremanera, al análisis estilístico del texto y a la lectura. En los Estados Unidos se fue más lejos al inculcar una enseñanza centrada en la experiencia individual de los estudiantes.
En la actualidad somos muchos los profesores los que encontramos en el comentario de texto los cimientos de una gratificante educación lingüística y literaria. Incluso, en el mercado editorial, hallamos diversos manuales que recogen las distintas vertientes del comentario de texto. Sólo nos resta a enseñantes y alumnos /as reflexionar y trabajar en él. En definitiva, ser lectores, que no es poco. Huelga cualquier comentario sobre los que todavía se resisten a considerar el hecho literario como fundamental. La finalidad no puede contemplarse a corto plazo, salvo el placer del lector ante lo bello.

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