¿Por qué la literatura?

Porque es la muestra más viva que tenemos los seres humanos. Los conocimientos y vivencias de todo tipo lo hallamos en los libros que nos relacionan con las experiencias ajenas y nuevas. Es, en fin, un enriquecimiento. Así lo ha entendido la novelista Almudena Grandes al escribir que las lecturas de las obras literarias cristalizan las propias experiencias vividas o soñadas: “La literatura no es más que emoción, vida de más para quienes ya están vivos, risas para los que ríen, lágrimas para los que son capaces de llorar, memoria que llama a los recuerdos de la gente, pasión que despierta pasiones y, por supuesto, diversión, entretenimiento, tensión y dolor, días de nuestra existencia, de la existencia del mundo”. .

Uno de los textos más citados por la crítica literaria en el siglo XX fue la pregunta que se hizo Jean Paul Sartre en el año 1947 en la que se recogen dos partes: ¿“Por qué escribir?”, “¿qué es escribir?”. Sin duda, Sartre explicitaba su concepto de “literatura comprometida”, que tanto influiría en los escritores de los años cincuenta y sesenta. En España, concretamente, no sólo se pondría como paradigma en las novelas más significativas de los autores del “realismo social”, sino en los primeros balbuceos de casi todos los escritores de lo que se ha denominado como “Generación de los cincuenta”. Las ideas de Jean Paul Sartre contra la “literatura burguesa” se convirtió en el maná de los escritores de una Europa que tenían presente los males de la guerra y, más terrible, el holocausto.

El escritor Juan Goytisolo en esa defensa que hace de los que no tienen voz, no sólo en el campo de la crítica y, por ende, de la literatura, sino también de las diversas minorías de la sociedad, ha defendido la literatura como lo más cercano al ser humano: “Tal es la esencia de la literatura y el núcleo de su ejemplaridad; expresión del ser humano no amputado ni reducido a uno de sus múltiples componentes. Palabra liberada merced a la cual puede escapar a la cosificación, a la decretada condición de cliente de la llamada Tienda Global…”.

Desde otra atalaya, el escritor y periodista Manuel Vicent insiste en el aspecto mercantil que tiene hoy la literatura: “los libros se exhiben ahora con la carátula y no con el lomo…, y la fugacidad de  las obras, que aparecen y desaparecen en cuestión de pocas semanas, conduce a un darwinismo que entraña una gran frivolidad”. A pesar de todo, todavía, los libros buenos triunfan con la expresión  de “boca en boca”; son los que llamamos literarios.

Vargas Llosa ha reivindicado la literatura como motor de la libertad y la crítica. Es purificadora en todos los ámbitos de la vida y además “es buena para el lenguaje, porque ayuda a hablar mejor, a pensar coherentemente, a matizar todo lo necesario y a expresar los sueños, los fantasmas y las pasiones”. Frente a la parcelación del saber, “la buena literatura nunca se especializa; es nuestro común denominador, la cultura en la que nos reconocemos. Defiende la libertad, nos enseña a no caricaturizar al otro, y por tanto nos aleja del racismo”. Susan Sontag, con motivo del Premio dela Paz de los Editores y Libreros Alemanes, nos daba una definición de la literatura, “como la historia de la respuesta humana a lo que está vivo” (…). La literatura era la libertad. Y, sobre todo, en un época en que los valores de la lectura y la introspección se cuestionan con tenacidad, la literatura es libertad.”.

La literatura es algo inherente a la persona; es como el agua y el pan. Su utilidad, por tanto, no necesita de la demostración. En opinión de Luis García Montero “nada hay más útil que la literatura, porque ella nos enseña a interpretar la ideología y nos convierte en seres libres al demostrarnos que todo puede ser creado y destruido, que las palabras se ponen unas detrás de otras como los días de un calendario, que vivimos, en fin, en un simulacro decisivo, en una realidad edificada, como los humildes poemas o los grandes relatos, y que podemos transformarla a nuestro gusto, abriendo o cerrando una página, escogiendo el final que más nos convenga, sin humillarnos a verdades aceptadas con anterioridad”.

En mis clases siempre insisto en la obra literaria como foco irradiador de todo, y hago mío lo que ya escribió Pedro Salinas acerca de “leedores” y “lectores” en su Defensa de la lectura. Los “lectores” están llamados a interpretar la obra literaria, a que la imaginación descubra nuevos vericuetos en que depositar el ansia del saber. Por desgracia en los planes de estudio siempre hemos ido a remolque en lo concerniente a la literatura. La literatura es algo vital, como el aire que respiramos; en palabras de Antonio Muñoz Molina “la literatura nos enseña a mirar dentro de nosotros y mucho más lejos del alcance de nuestra mirada”. Hay que desterrar de una vez, y en parte tenemos la culpa los docentes, la idea de concebir la literatura como un catálogo abrumador de fechas y nombres; esta sería una forma perniciosa de entender la literatura. La literatura hay que hallarla en ese soliloquio para después ventearla a los demás; como remacha Muñoz Molina, “donde está y donde importa la literatura es en esa habitación cerrada donde un hombre escribe a solas a altas horas de la noche, en el dormitorio de un niño que se desvela leyendo a Emilio Salgari, en el aula de un Instituto donde un profesor sin más ayuda que su entusiasmo y su coraje le transmite a uno solo de sus alumnos el amor por los libros”.

Un pensamiento en “¿Por qué la literatura?

  1. Es fundamental inculcar a los alumnos el amor por la lectura. Porque la lectura, como bien dices en tu anterior post sobre el comentario de texto, se convierte en placer cuando entra en juego nueestra capacidad de creación, cuando la obra literaria construye un mundo real o imaginario que se desarrolla en un momento dado en la mente del lector. Y es en la Literatura donde vamos a encontrar refugio, consuelo, risa, placer, terror, entretenimiento, conocimiento, respuestas, información, etc. Es una pena que se imponga lo audiovisual, con lo bonito que es tocar un libro e ir pasando hoja, tras hoja e ir recorriendo ese mundo real o de fantasía que hace volar nuestra mente a otros mundos, a otras gentes a otros conocimientos. La Literatura une e iguala gentes sin ningún tipo de prejuicio social. La literatura despeja tu interior y te abre al mundo. Un libro no es solo tu mejor amigo sino tu gran aliado en tu propia soledad personal.

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