Desencuentro

Después de un desencuentro silencioso, me refugié en la poesía Tata Vasco. Un poema (2011), que acaba de publicarse de Ernesto Cardenal. En más de una ocasión he manifestado que la poesía nos sirve, a veces, como refugio, como casa; coadyuva a olvidar, a ahuyentar lo que nos oprime, a ser nosotros, a desterrar el tiempo airado.

Hacía ya mucho tiempo que no había leído a Ernesto Cardenal. Inmediatamente que vi el libro nombrado en la primera línea me acordé de dos aspectos. Uno, su impresionante Cántico Cósmico, que publicó la editorial Trotta, en el año 1992. Este libro me llenó. Me dije: no es posible que una persona haya escrito esta poesía salvífica, celeste, asombrosa. Me quedé anonadado, pensativo, el silencio pudo más; no sabía qué hacer, parece como si el tiempo se detuviera. El libro lo componen 43 cantiga; la primera con el título “El Big Bang” (“En el principio no había nada / ni espacio / ni tiempo”), y la última “Omega”, termina con los versos “Y más antes / ¿qué veríamos finalmente? / Cuando no había nada. / En el principio…”. Son 410 páginas, todo un récord poético. Su impacto me recordó La Divina Comedia de Dante y el Canto General de Pablo Neruda.

El otro aspecto que me vino a la mente al hojear Tata Vasco fue cuando llegó el Papa Juan Pablo II a Nicaragua. El Pontífice fue saludando a todos los Ministros sonriente, pero cuando llegó a Ernesto Cardenal (Ministro de Cultura), le llamó la atención, levantando el brazo derecho y señalándolo con el dedo en una actitud desafiante, de soberbia, y mientras Ernesto Cadenal permanecía genuflexo. Esta imagen no se me ha olvidado, por eso dije que no estaba de acuerdo con su beatificación, porque que yo sepa nunca se disculpó públicamente. La humildad del Ministro valió por todo un viaje.

El libro  es  como un poema homenaje de Ernestro Cardenal a Vasco Quiroga, en el que resalta la dignidad humana; realiza como una reflexión sincera de hasta dónde podemos llegar las personas. Es un recuerdo a quien luchó por los débiles, por los desheredados de todo. Destaco estos versos: “No había clases sociales en la Utopía de Tomás Moro/ (aunque sí en La República de Platón). / Iguales los unos  que los otros, y los otros que los otros/ sin ricos ni criados / como también en Quiroga. / Y el sueño de un enorme proyecto de una Arcadia Cristiana / de esta primitiva Nueva Iglesia de este Nuevo Mundo. / Una muy grande y muy reformada Iglesia. / Los españoles con los indios / como Cristo a nosotros haciendo bien y no males”.

El legado del poeta Ernesto Cardenal sigue vivo.

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