Botella al mar

Sé que no me lees. No importa.  Estás tan ocupada, como asomada con tu cielo…, ojalá solo fuera eso. Aprovéchate ahora, ríe , juega, que pronto volará, y todo será remembranza.

Con el tiempo lo harás, cuando te encuentres sin saber cuál es el norte o el sur, pendiente de la soledad, de los recuerdos, cuando mires tu pasado, cuando sientas el poderío de la imaginación; entonces, abrirás el ordenador y bucearás sin tino, con dejadez, y dirás: –anda  pero si esta soy yo, y rauda buscarás el teléfono, el correo y escribirás:

-“Hola, soy yo. ¿Te acuerdas?

 –Nunca es tarde cuando tu nombre está escrito en el árbol sagrado. Privilegio casi inalcanzable,  por eso siempre hallarás el abrigo necesario, la palabra enmelada, evocadora en cualquier instante, y recordaré tu frase hecha molde:

¿Qué miras?

Tal vez no entendiste o no quisiste, y eso qué más da; los sentimientos hay que llevarlos,  también, hay que saberlos leer en cada momento. Esa es la gran duda, en este aspecto siempre recuerdo a M. Roig-otra gran mujer que se marchó en silencio- que en una de sus novelas confiesa una amiga a otra , que hay ideas que nunca dirá al amante, al esposo; esa interiorización si alguna vez sale es por una necesidad tan grande que ya no resiste dentro; y eso solo lo desvelará a su mejor amiga. Ahora no recuerdo la cita textual, pero la buscaré. Conocí su novela en un quiesco de la calle Serrano, ante una cita que nunca llegó, un 31 de enero. Su novela me marcó. Allí permanecí en la cafetería dos horas hasta casi  terminarla. De esa mujer, no recuerdo ni el nombre, ¡hace ya tanto tiempo! Somos así los que estamos hechos de sentimientos, no es una carga, es una virtud. Pero, qué cierto, también, que el Romanticismo nos trajo el fracaso.

Te observaba, tú quitabas la vista unas veces, otras te quedabas como en regalado sueño, y las más, sonreías; pero, creo que no molestaba, si no, no estuviera escribiéndote estas palabras verdaderas. Además cada día te arreglabas más, incluso te compraste una blusa de mi color preferido, y un día te pintaste los labios; sentí que sería una respuesta, ¡tantas veces me mordí la lengua porque quería decírtelo! Nunca a ninguna mujer le he insistido. Si veo que no hay correspondencia, se acabó, como una flor tronchada. Tú fuiste la excepción. No sé por qué ha sido, me daba la sensación de que la hora era violeta, se terminaba; pero, también esa hora me parecía del alba, tal y como M. Roig la entendía, quizá basándose en T.S.Eliot: “can see / At the violet hour” ( The Waste Land).

La naturaleza es muy sabia, pero injusta también.¡Tantos personajes de la literatura me vienen a la memoria en que se comportó de esa forma! Estos días estoy preparando la presentación de una novela en cuatro sitios diferentes, y uno de los personajes me ha hecho llorar interiormente; aquí el adjetivo injusto también cabe.

Recapacita, ¿en este caso, también la naturaleza ha sido injusta, aunque solo sea por estas líneas que no leíste en su momento y que ahora te han llegado a través de esa botella con un mensaje? Quizá hubiera sido mejor que las golondrinas lo hubieran llevado en el pico, pero pensé que eso sería demasiado pronto, y te hubiera creado un problema. De esta forma es memoria interiorizada.  No diré nunca palabra. Creo que reconforta que alguien pensó en ti en un tiempo. Dejémoslo. ¿A que te sientes más feliz ? Pues eso es lo primordial. Estamos hechos así y hay personas que llegan al alma. Y esa, has sido tú.

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