¡Aleluya!

Se disputaron tu nombre

al abrigo de fuego solidario,

qué más da la A. que la J.

Te llamó en la época

del alma, sigilosamente.

Te tendió la mano. Ven.

No entres en el olvido,

en la maldad, en la doblez.

Risueñas flores primaverales

adornaron tu cajita

blanca; rubíes celestiales te acompañaron.

Tu espíritu pervive.

¡Aleluya, aleluya!

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