Las olas

He vuelto a leer Las olas de Virginia Woolf. Ahora con más detenimiento, con más profundidad, y, quizá, con más conocimiento. Estas líneas son un canto para una gran mujer, una gran escritora y, en definitiva, para la literatura hecha carne, hecha de trozos de cielo.

¡Cuántas veces me ha venido a la cabeza aquella anécdota que me ocurrió en clase de tercero de carrera, hace  ya algunos años, cuando una alumna, hoy famosa, me pidió desde las últimas mesas que por qué no les hacía un resumen de la obra, en medio del debate que ya se había iniciado! Contrariado por la pregunta contesté: – “Señorita, le recuerdo que está usted en la Universidad”. Añadí después que la expresión “de qué va” no cabe en un/a universitario, y  prosiguió el debate.

¡Qué poco hemos avanzado, todavía, en pleno proceso de Bolonia! Los/as alumnos se preocupan por los apuntes, por los resúmenes de las obras, cuando es todo lo contrario lo que se debe hacer para una verdadera formación; no tienen seguridad que esta metodología les vaya a formar; desde luego más que la otra, seguro.

Al hilo de todo esto recuerdo con añoranza fructífera la carta que se escribió, una vez terminamos 5º de Filología Hispánica y que se repartió por la Facultad cuyo encabezamiento fue: “Carta abierta de los alumnos de 5º de Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid (Complutense). Al resto de nuestros compañeros, profesores, y opinión pública”. Transcribo algunos párrafos: “Hace ya cinco años, iniciamos aquí, en esta Facultad de Filosofía y Letras, nuestros estudios, con pocas esperanzas y no ausentes los recelos. Hoy, al cabo de los cinco años, desaparecieron las esperanzas y los recelos se convirtieron en certezas: lo que pacientemente hemos aprendido en tanto tiempo queda diluido en la inoperancia de todo aquello que es ajeno a la cultura y a la vida”.

La carta es extensa, y al releerla se me nublan los ojos, pero no por el tiempo transcurrido, sino por las verdades que encierra. Aquí va otro párrafo: “Del pensamiento crítico contemporáneo, nada nos ha llegado (salvo otra vez, pocas excepciones), y la única alternativa a la ignorancia es la audacia de haberlo superado todo, de estar ya de vuelta de todo. Parece que se trata de pasar el tiempo, de llenar el expediente, de aprender durante cinco años por impregnación de las paredes de esta Facultad que hoy no impregnan precisamente sabiduría”.

Estos párrafos de la carta son un recuerdo,  una reflexión por si puede ayudar a los miles de alumnos/as que se están formando para que aprovechen el tiempo. El himno de la juventud,  en este sentido, es nítido, que se canta al principio de curso y al final. Hagámosle realidad. Te invito a que reflexiones con la primera y última estrofa:Gaudeamus igitur, / iuvenes dum sumus. / Post iucundam iuventutem, / post molestam senectutem, / nos habebit humus.   (…). Alma Mater floreat / quae nos educavit, / caros et  conmillitones / dissitas in regiones / sparsos congregavit.

4 pensamientos en “Las olas

  1. Querido Profesor no hemos terminado el curso y ya estoy echando de menos tus maravillosas clases, es una incongruencia ¿?, pero transmiten el sentimiento que has conseguido que renaciera en mi por la literatura y todo lo bello de las letras.

  2. Me emociono como si ya estuviese agotando las horas del 5º curso, tal vez sea porque acabando 2º las verdades duelen ,a veces me preocupo más por los apuntes que por el verdadero conocimiento y la formación que aporta el día a día. ¡Cuántas veces pienso que me gustaría que las clases dejasen más huella, que enseñasen más o me hiciesen más objetiva o cuerda! Cuántas veces me lo pregunto y más tarde, me doy cuenta de que el tiempo perdido preguntando a la nada podría haber sido espacio de conocimiento.
    Se acaba segundo y atrás quedan experiencias, clases, trabajos, clases, apuntes… quedan compañeros y otros se olvidan, quedan profesores y de otros nos olvidamos el nombre de su asignatura o su apellido.
    Las clases, la teoría y la práctica, las obras de teatro, las novelas… deben dejar huella e inevitablemente, y con alegría lo veo, la dejan.
    Siempre se puede ir más a clase, se puede entender más y “chapar” menos, siempre estamos a tiempo de aprender… todavía soy de 2º.

    Vivat nostra societas!
    Vivant studiosi!
    Crescat una veritas,
    floreat fraternitas,
    patriae prosperitas.

    (((maca)))

    • Gracias, Maca, por haber entendido el mensaje. Al menos, tú puedes pensar, preguntar e incluso escribir; en otra época, se nos hurtó la discrepancia, pero pudimos ver las deficiencias. Ahora, las recordamos. Proseguiré con la carta de aquellos/as alumnos/as preocupados por la cultura y por nuestra razón de existir. El silencio quedó temblando, que hoy estalla con todo el fragor para que yerga en unos jóvenes y no dormiten, labren y no pierdan el tiempo con las florecillas del camino.

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